Mis cuentitos
Mis cuentitos

Relatos para niños

Diversos autores - 2000

Esta es una recopilación y adaptación de narraciones para niños. Tiene el propósito de ayudarles a conocer algo de Dios, el Padre y el Hijo. No tiene la pretensión de ser un manual de instrucción religiosa ni un compendio de moral cristiana. Tampoco sustituye el inmenso valor de la lectura de la Palabra de Dios ni la acción de quienes tienen la responsabilidad de guiar a los niños para que conozcan a Dios y al Señor Jesucristo.

Pedir en la tienda

La recompensa por un vaso de agua

La pequeña Alicia había aprendido de memoria el versículo que dice: “Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente…, de cierto os digo que no perderá su recompensa”. Entonces pensó: –Ya que el Señor Jesús quiere que demos un vaso de agua fresca a la gente, cuando yo vaya a buscar agua a la fuente, siempre llevaré conmigo un vaso y ofreceré de beber a las personas que pasen por allí.

Un día, mientras sacaba el agua, vio llegar a un hombre bastante viejo, barbudo y de cara triste, lo que la asustó mucho. Sin embargo, fue hacia él y le dijo: –Señor, tal vez usted esté cansado y tenga sed. Tome este vaso de agua de parte del Señor Jesús. El hombre quedó sorprendido. No dijo una sola palabra, tomó con muchas ganas el agua y se fue. Unas lágrimas corrían por su rostro.

Los años pasaron. Alicia creció y llegó a trabajar en un hospital. Debía atender a los enfermos y, además, les leía la Biblia. Una noche preguntó a algunos enfermos cómo habían conocido al Señor Jesús. Un hombre muy anciano empezó a contar su historia:

–Hace años me sentía muy solo y triste. Por eso quería quitarme la vida. Cuando iba a hacerlo, pasé junto a una fuente. Allí una niña me ofreció un vaso de agua «de parte del Señor Jesús». Entonces supe que yo no estaba solo: mi Salvador estaba conmigo y se preocupaba por mí.

Alicia estaba muy sorprendida y contenta: ¡ella había sido usada por Dios para que ese hombre conociera al Salvador! El anciano rebosaba de alegría al ver nuevamente a la que no solo le había salvado la vida en este mundo sino que también le había guiado a la vida eterna.

Sí, todo lo que se hace por amor al Señor tiene valor a los ojos de Dios. Nunca digas: –Soy muy pequeño para hacer algo para él.

Todas vuestras cosas sean hechas con amor
(1 Corintios 16:14).

Andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros
(Efesios 5:2).