Estudio sobre el libro del Génesis
Estudio sobre el libro del Génesis

C. H. Mackintosh - 2000

El libro del Génesis ha sido llamado la sementera de la Biblia, dado que en él se refieren los eternos designios del Dios viviente, soberano y todopoderoso. Se puede decir que es la base de toda la revelación que tenemos en los otros 65 libros y la portada majestuosa de la magnífica estructura de la Biblia. Los hebreos le dieron por título la primera palabra hebrea que significa «En el principio», denominación muy apropiada, puesto que en este libro se encuentra el principio u origen de todas las cosas, sean físicas o morales. No hay nada ni nadie que no haya tenido principio con excepción de Dios, el “que es y que era y que ha de venir” y por cuya voluntad “todas las cosas… fueron creadas” (Apocalipsis 1:4, 8; 11:17; 4:11).

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Judá y Tamar

El triunfo de la gracia de Dios sobre el pecado

Este capítulo nos presenta una de las notorias circunstancias en las cuales la gracia de Dios triunfa gloriosamente sobre el pecado del hombre. “Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá” (Hebreos 7:14). ¿Cómo fue eso? “Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara” (Mateo 1:3). Este hecho merece toda nuestra atención. Dios, en su gracia infinita, se eleva sobre el pecado y la locura del hombre para llevar a cabo los designios de su amor y su misericordia. Asimismo, un poco más adelante en el mismo evangelio según Mateo, leemos: “Y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías” (v. 6). Obrar así es digno de Dios. El Espíritu de Dios nos hace seguir la genealogía de Cristo según la carne, y coloca en esta cadena los nombres de personas como Tamar y Betsabé. Evidentemente, no hay en ello nada del hombre. Aquel al que llegamos al fin de este capítulo de Mateo es ciertamente Dios manifestado en carne, revelado como tal por la pluma del Espíritu Santo. Jamás inventará hombre alguno tal genealogía. De un extremo al otro es obra divina, y ningún hombre espiritual la puede leer sin encontrar en su contenido la manifestación de la gracia primero, y luego la inspiración divina del evangelio de Mateo, en el cual se encuentra dicha genealogía de Cristo según la carne (véase 2 Samuel 11; Génesis 38; Mateo 1).