Capítulo 31
Cuando uno quiere tomar el control de su destino
A pesar de lo desagradable que es la forma de comportarse de Jacob, reconozcamos su paciencia. Soporta sin quejarse las fatigas y las privaciones, al igual que todas las injusticias de las cuales es objeto por parte de Labán. Lo que lo sostiene es el recuerdo del país dado por Dios a Abraham y a su descendencia. No ha olvidado la promesa que Dios le hizo en Bet-el en cuanto a hacerlo volver al país de sus padres. Esta esperanza se mantiene viva en su corazón, y por fin llega el momento de cumplirse. Cristianos, extranjeros en la tierra, ¿no tenemos, nosotros también, una promesa por parte del Señor acerca de la Patria celestial en la cual nos hará entrar pronto? Esta esperanza debería darnos toda la paciencia y el ánimo necesarios para soportar las dificultades e incluso las injusticias.
Aun obedeciendo al mandamiento de Jehová (v. 3), Jacob permanece tristemente fiel a su carácter astuto: engaña a Labán al huir de él a escondidas. ¿No es al mismo tiempo una falta de confianza en Dios? Aquel que le daba la orden de ponerse en camino no podía permitir que Labán lo retuviese (v. 24). Y este último no habría podido hacer sino someterse, reconociendo como antaño:
De Jehová ha salido esto.
(cap. 24:50)
Labán persigue a Jacob
Avisado de la huida de Jacob, Labán sale en su persecución y lo alcanza. Como hombre del mundo astuto e hipócrita, emplea palabras lisonjeras mientras su corazón está lleno de envidia y celos. Finge gran afecto por sus hijas y nietos en tanto que sus propios intereses son los que siempre le guiaron (v. 15). Finge temer a Dios (v. 29, 53) mientras busca activamente a sus dioses falsos.
Es triste ver la importancia que Raquel da a esos ídolos. En cambio, podemos estar seguros de que Rebeca de buen grado había dejado atrás esos objetos cuando se marchó con el siervo de Abraham. Estos dioses corresponden a las cosas del mundo que no nos decidimos a abandonar y que creemos poder llevar con nosotros en el camino hacia nuestra Patria. Nos es posible esconderlos durante cierto tiempo en lo más profundo de nuestro corazón. ¡Pero quiera Dios, quien todo lo ve, ayudarnos a saber discernir y rechazar resueltamente todo lo que, en nuestros afectos, toma el lugar del Señor Jesús! ¡Son ídolos!
Jacob y Labán se separan finalmente. El montón de piedras o majano constituirá una frontera entre ellos. No hay terreno común entre el creyente y el hombre del mundo, incluso cuando pertenezcan a la misma familia. Jacob ofrece un sacrificio (v. 54); conocía su lugar y dignidad ante Dios.
