Capítulo 19
Lot abrumado, lento para obedecer
¡Qué contraste entre la feliz visita que los ángeles hicieron a Abraham a mediodía y la penosa misión que al atardecer del mismo día les lleva a Sodoma! ¡Y cuánta dificultad para aceptar la invitación de Lot por solicita que esta sea! (v. 2). ¿Cómo podrían tener comunión con ese creyente que se encuentra en una posición errónea? Entran en su casa solo para protegerlo y liberarlo. Además, Lot nunca estuvo a gusto en esa ciudad pervertida. No lo habríamos sabido si el Nuevo Testamento no nos lo hubiese revelado. Pero Dios, quien conoce los corazones, nos dice que Lot era un justo y que, lejos de acomodarse en el mal, “afligía cada día su alma justa viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos” (2 Pedro 2:8).
Iniquidad que los hombres de Sodoma no tienen vergüenza de ostentar durante esa noche dramática (comp. Isaías 3:9). De modo que Jehová, quien había dicho: “Y si no” –es decir, si no es verdad– lo sabré” (cap. 18:21), no tiene necesidad de otra prueba, porque esos hombres atestiguan contra ellos mismos.
Lot no es tomado en serio, ni siquiera por sus yernos. Cuando un creyente, durante algún tiempo, ha andado con el mundo, carece de autoridad para hablarle de juicio. No lo escuchan.
Un triste balance de su vida – Juicio de Sodoma y Gomorra
La liberación de Lot es la respuesta a la oración de Abraham del capítulo precedente (v. 29). Este había creído que para salvar a su hermano era necesario que Sodoma fuese salvada de la destrucción. Ahora bien, Dios no responde siempre de la manera que nosotros pensamos. Pero responde.
Desgraciadamente, el corazón de Lot se ha ligado profundamente a todo lo que ahora debe dejar tras sí; tarda en marcharse. Los ángeles tienen que arrastrarlo por la fuerza con su mujer y sus dos hijas. Queridos rescatados del Señor, si hoy tuviésemos que marcharnos al cielo, ¿lo haríamos con gozo, o como Lot, nos dolería abandonar las cosas de esta tierra, de las cuales nuestros corazones se han prendado?
Sodoma y Gomorra son «reducidas a cenizas», solemne ejemplo de lo que espera a los impíos (2 Pedro 2:6; Judas 7). En cuanto a la mujer de Lot, ella también permanece en la Palabra de Dios como un monumento, un signo de lo que cuesta unir nuestro destino a un mundo condenado. Esta mujer había compartido exteriormente la vida del pueblo de Dios durante mucho tiempo. Pero no formaba parte de él. El mundo estaba en su corazón y ella pereció con él. ¡Sí, recordemos a la mujer de Lot! (Lucas 17:32). Por lo que concierne a Lot, su fin será vergonzoso y su descendencia maldita.
