Génesis
Génesis

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 21

Nacimiento de Isaac

La promesa de Dios se cumple. “En el tiempo que Dios le había dicho” nace Isaac, quien es figura de Cristo con el carácter de Hijo y de Heredero (Hebreos 1:2). Después de la risa incrédula de Abraham (cap. 17:17) y de Sara (cap. 18:12), seguida de la risa gozosa y agradecida de esta última, acción que da nombre a Isaac (v. 3, 6), oímos la risa burlona de Ismael (v. 9), figura del hombre “según la carne”, el que no puede comprender los consejos de Dios cumplidos en Cristo. Ismael, el hijo de la sierva, representa al hombre bajo la servidumbre de la ley, quien no tiene ningún derecho a las promesas ni a la heredad.

Lo que Sara hace parece inhumano; Abraham lo encuentra mal. Pero Dios lo aprueba, queriendo mostrar así en figura que la heredad pertenece solo a Cristo y que, basándose en las obras, el hombre no posee ninguna parte. Como lo explica la epístola a los Gálatas, los creyentes son “hijos de la promesa”. Como han recibido la adopción, ya no son más esclavos, sino hijos y, por consiguiente, herederos (Gálatas 4:6-7, 28).

La gracia actúa, no obstante, en favor de Agar y de su hijo. Cuando el agua del odre –símbolo de los recursos humanos– se acaba, el Viviente que se había revelado a ella en el capítulo 16 repite su liberación. Él oye incluso la voz de un niño (v. 17).

Un buen testimonio

En el capítulo 20, las relaciones de Abraham con Abimelec habían sido bastante pesadas. El patriarca había recibido un serio y justificado reproche por parte del rey de Gerar. Pero ahora las relaciones se reanudan bajo un nuevo orden. Esto es figura de la supremacía futura de Israel cuando las naciones digan:

Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros.
(Zacarías 8:23)

“Dios está contigo en todo cuanto haces”, comprueba el rey filisteo (v. 22). Y se esfuerza por obtener una alianza con el hombre de Dios. Por eso, ahora, es este último quien amonesta a Abimelec con la autoridad moral que le confiere su relación con el “Dios eterno” (v. 33). Abraham le manifiesta su gran apego al pozo en el desierto, que los siervos de Abimelec quisieron robarle.

¿No es para nosotros, este pozo, una figura de la Palabra, la cual debe refrescar cada día nuestras almas? Si algunos buscan nuestra compañía, mostrémosles lo antes posible el valor que tiene para nosotros la Palabra de nuestro Dios. Los que tengan sed de la verdad, de paz, de gozo, serán conducidos a buscarlos en ese Libro precioso, si ven que nosotros los obtenemos allí.