Génesis
Génesis

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 35

Condición para subir a Bet-el

Después de los vergonzosos acontecimientos ocurridos en su familia, Jacob está turbado, desanimado (cap. 34:30). Pero Dios no quiere dejarlo en ese estado y se dirige a él una vez más:

Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar.

Bet-el, casa de Dios, es el lugar de Su presencia. La misma voz divina invita al cristiano, cada primer día de la semana, a cesar de ocuparse en los asuntos de la tierra y trasladarse al lugar donde el Señor ha prometido su presencia, y allí adorarlo en espíritu y en verdad. Pero, antes de poder obedecer, Jacob sabe bien que una cosa es indispensable. Sus tiendas esconden objetos que no convienen a la santa presencia de Dios, aunque solo sean los ídolos de Labán en la tienda de Raquel. Esos “dioses ajenos”, mucho tiempo tolerados, deben ser desechados en el momento de presentarse ante Jehová. Solo después de esto Jacob puede subir a Bet-el, un lugar al que ya no encuentra “terrible”; allí edifica un altar, recuerda con agradecimiento las bendiciones recibidas y oye de parte de Dios la confirmación de todas sus promesas. Una vez que hubo juzgado y abandonado lo que era incompatible con su elevado servicio, el adorador es colmado en la presencia de Dios de múltiples y preciosas bendiciones (Oseas 14:4-8).

Duelos sucesivos y un nacimiento

¡Nueva etapa en la vida de Jacob! Mientras está en camino sobrevienen simultáneamente el nacimiento de Benjamín y la muerte de Raquel. El camino del cristiano también está sembrado de alegrías y tristezas. Como Jacob, puede «erigir pilares» (v. 14, 20).

Cada uno de los dos nombres dados al niño nos habla del Señor Jesús. Benoni, hijo de mi tristeza, es el nombre de Aquel sobre quien Israel se afligirá “como quien se aflige por el primogénito” (Zacarías 12:10), de aquel que fue afligido en la tierra, un hombre de dolores, sometido al sufrimiento. Pero, al mismo tiempo, es el verdadero Benjamín, el Hijo de la diestra del Padre, a quien Dios dijo: “Siéntate a mi diestra” (Salmo 110:1; varias veces citado en el Nuevo Testamento). Los dos nombres son inseparables, llevados por la misma persona. Nos recuerdan que los sufrimientos y las glorias de Cristo no pueden ser disociados (1 Pedro 1:11).

Otro nombre en nuestra lectura nos hace pensar en Jesús: Belén (v. 19), donde nacerá el Salvador. El sepulcro de Raquel se erige ahí, lugar de lágrimas mencionado al principio del evangelio de Mateo (cap. 2:18), pero también lugar donde será anunciado el tema de gozo más grande de todos los tiempos (Lucas 2:10).