Capítulo 45
José se da a conocer
Llega el momento que José esperaba desde hacía mucho tiempo. ¡Qué paciencia necesitó! Si se hubiese hecho conocer demasiado pronto, sus hermanos lo habrían honrado por obligación, como el manojo de su sueño, pero el corazón de ellos hubiese permanecido frío y temeroso.
Los hermanos se enteran, pues, de que el gobernador de Egipto, a quien pertenece toda esa gloria, no es otro que aquel a quien ellos habían odiado y rechazado. No solamente está vivo, sino que todas las cosas le son sujetas (Hebreos 2:8). Sus acciones criminales han sido precisamente el medio por el cual los sueños se cumplieron. ¡Qué desconcierto puede llenar sus corazones al comprobar la noble gracia de la cual José da prueba! ¡No se ha vengado; no les hace ningún reproche; no desea más que la felicidad de ellos! Y su propio corazón, ¿no está lleno de gozo, un gozo semejante al del Pastor que encontró a la oveja perdida? Ahora los hermanos llevan un feliz mensaje, una buena nueva: deben ir hasta su padre y contarle la gloria de aquel que les perdonó. Esa es también nuestra misión, queridos rescatados del Señor: anunciar a los demás, empezando por nuestros parientes, lo que hemos encontrado en Jesús, y contar a Su Padre “toda su gloria”, en las reuniones de culto.
Una bendición abundante
Devolver bien por mal: eso es lo que José hace con sus hermanos. Es lo que el Señor nos enseña (Mateo 5:44), en fin, es la mejor forma de ganar el corazón de alguien.
Los hermanos creían llevar lo mejor de lo que tenían (cap. 43:11): un poco de bálsamo, un poco de miel. Pero ahora pueden ver la insignificancia de ello. Faraón personalmente les promete lo mejor del país, diciéndoles al mismo tiempo:
No os preocupéis por vuestros enseres.
(v. 20)
La presencia del Señor y el goce de sus glorias están ante nosotros. Las cosas de la tierra que tengamos que abandonar por Él carecen de valor en comparación con aquello (Marcos 10:29-30). Tenemos una prueba de que Jesús está vivo, glorioso y nos espera en el cielo: nos ha enviado el Espíritu Santo, prenda o garantía de nuestra herencia (Efesios 1:14). Observemos que José no solamente da a sus hermanos un país donde morar, sino también lo necesario para el camino que les conduce a él. ¿Carros? Jesús se hace cargo de nosotros. ¿Alimentos? Su Palabra es nuestra comida. ¿Vestidos? Cristo puede y debe ser visto en nosotros (Gálatas 3:27). Por último, la exhortación de aquel que conoce muy bien a sus hermanos:
¡No riñáis por el camino!
(v. 24)
¿Tenemos nosotros menos necesidad de ella?
