Capítulo 30
Nacimientos en contexto de celos e intrigas
Estos versículos nos presentan la familia de Jacob. ¡Página importante del Antiguo Testamento, puesto que los doce hijos del patriarca llegan a ser a su vez doce patriarcas (Hechos 7:8) y darán sus nombres a las tribus de Israel! A través de ellos se cumplirán las promesas hechas a Abraham y a Isaac, como también a Jacob durante la noche pasada en Bet-el. De los descendientes de Leví saldrán los sacerdotes, de Judá los reyes y el mismo Mesías.
La familia de Jacob, a excepción de José, es la imagen de su jefe: intereses egoístas, rivalidades, recursos dudosos la caracterizan. A pesar de esos extravíos, Dios tiene sus ojos puestos en ella y quiere bendecirla. Igualmente hoy las familias de los creyentes son preciosas para el corazón del Señor. Nos conoce a todos por nuestro nombre y desde nuestros primeros pasos nos prepara para el servicio al cual nos destina. ¿Y cuál es el llamamiento glorioso de los creyentes ahora? ¿No es de ser “reyes y sacerdotes para Dios, su Padre”? (Apocalipsis 1:6). El nacimiento de José, tipo de Cristo, anuncia para la familia de Jacob el fin de su servidumbre y el retorno al país de la promesa (v. 25). Espiritualmente siempre es así: a partir del momento en que Cristo toma su lugar en nuestras casas y en nuestros corazones estamos en condición de experimentar la liberación y la bendición celestial.
El atractivo de las ganancias
El pobre Jacob se agita, especula, rivaliza en astucia y engaño con Labán, procurando enriquecerse mediante su propia inteligencia y esfuerzos. Cuán triste es ver a un creyente luchando con las gentes del mundo por los bienes terrenales. Isaac había dado un ejemplo muy diferente a su hijo Jacob (cap. 26:15-22).
En 1 Timoteo 6:6-10, el apóstol pone en contraste el deseo de enriquecerse con la piedad, la cual, con el contentamiento, es una gran ganancia. He aquí, pues, la doble ganancia, las verdaderas riquezas que se deben buscar:
1. La piedad, es decir, las relaciones con Dios, de las cuales nos hablan los altares. Pero, en su destierro, Jacob no tiene altar, no tiene relación consciente con Dios.
2. El contentamiento que los patriarcas ponían en práctica viviendo en tiendas, y que incluso Jacob mismo había practicado (cap. 25:27). El apóstol Pablo aprendió personalmente a estar contento en cualquier circunstancia en que se encontrara (Filipenses 4:11). ¡Cuán difícil es estar siempre contento! Sin embargo, el mejor testimonio que podríamos dar a nuestro alrededor ¿no es mostrar que estamos satisfechos con lo que Dios nos ha dado? Pues nos ha dado nada menos que a su propio Hijo y todas las cosas con él (Romanos 8:32).
