Capítulo 32
Miedo, inquietud y precauciones innecesarias
Hebreos 1:14 nos enseña que los creyentes se benefician con el servicio de los ángeles, muchas veces sin que lo sepan. Pero, cuando Jacob se marchó de Canaán, Dios en cierto modo quiso presentarle a aquellos a quienes iba a emplear para cuidar de él durante su exilio (cap. 28:12). Ahora, en el momento de su regreso, los ángeles de Mahanaim le dan la bienvenida al país de la promesa. Pero Jacob no está en condiciones de regocijarse por la bondad del Dios que le otorgaba su voto de antaño (cap. 28:20-21). En efecto, su corazón no está liberado del temor del hombre. Si no tiene tras él a Labán, tiene ante sí a Esaú y tiembla ante la perspectiva de encontrarlo. Recurre a la oración (v. 9-12), pero inmediatamente después toma todas las precauciones imaginables, como si verdaderamente no creyese a Dios capaz de liberarlo. ¿No nos parecemos a él algunas veces? Veamos también la actitud servil de Jacob (v. 18, 20), pese a que la bendición de su padre había hecho de él el amo de sus hermanos. Finalmente estemos convencidos de que, en lugar de toda esta «puesta en escena», de todos estos prudentes arreglos, hubiera sido mejor que Jacob pasara a la cabeza de su gente y, confiando en Dios, pidiera con valentía perdón a su hermano ofendido.
Lucha de Jacob en Peniel
Una segunda noche memorable se inscribe en la historia de Jacob. Ese combate con el Ángel es como el resumen de toda su vida anterior. Siempre había buscado la bendición por sus propios esfuerzos; en eso se había opuesto a Dios. Ahora comprueba que la energía del hombre no puede vencer y prevalecer. Con un gesto de Dios (v. 25) ella es aniquilada. Entonces Jacob se ve en la obligación de cesar de confiar en sí mismo. Aprende esta verdad básica para la vida del creyente:
Cuando soy débil, entonces soy fuerte.
(2 Corintios 12:10)
Y en ese momento triunfa al declarar por fe: “No te dejaré, si no me bendices” (v. 26; Oseas 12:4). ¡Victoria de la oración! Obtiene la bendición bajo la forma de ese nombre de Israel, tan grande en los consejos de Dios, en la Escritura y en la Historia, ese nombre que nos habla de Cristo, el Vencedor, el Príncipe, el verdadero Israel de Dios.
Queridos cristianos, Dios quiere hacer de nosotros vencedores. Si nos detiene en nuestra marcha dirigida por nuestra propia voluntad y nos quita nuestra energía carnal, es con el fin de darnos su poder.
Jacob recordará a Peniel. Su bastón se lo rememorará continuamente. Su cadera ha sido descoyuntada, pero su alma ha sido liberada (Romanos 7:24-25).
