Génesis
Génesis

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 7

A salvo

Noé obedeció no solamente construyendo el arca, sino también haciéndola, en todos los detalles, conforme a lo que Dios le mandó (cap. 6:22). Ahora obedece para entrar en el momento en que la orden le es dada (v. 5). En la obediencia a Dios reside nuestra seguridad. Noé, hombre piadoso, va a hacer literalmente la experiencia del Salmo 32:6.

El versículo 16 nos recuerda que otra puerta –la de la gracia– está abierta todavía hoy, pero ¿por cuánto tiempo? “Y se cerró la puerta”, anuncia solemnemente Mateo 25:10. Lector: ¿de qué lado de esta puerta estará usted? ¿Dentro, con Jesús y los suyos? ¿O fuera, con todos los que llamarán en vano y a los cuales el Señor deberá responder:

No sé de dónde sois?
(Lucas 13:27)

Observemos que Dios mismo cierra la puerta del arca tras Noé, los suyos y todos los animales. Aunque lo hubiera querido, Noé ya no podía abrirla más, a quienquiera que fuese. Ahora que Dios ha proporcionado un medio de salvación, puesto a los suyos al abrigo y cerrado la puerta del arca, puede abrir las ventanas de los cielos (Malaquías 3:10).

Bajo el aspecto profético, Noé y su familia representan al residuo de Israel que, después del arrebatamiento de la Iglesia (simbolizado por el de Enoc), atravesará sano y salvo la gran tribulación final y será introducido en el mundo nuevo del milenio.

El diluvio

La larga paciencia de Dios ha llegado a su término. El raudal de su juicio se vierte sobre la tierra. Si no fuera por el arca que se construía, nada lo dejaba prever. Todo parecía ir bien. El mundo continuaba su curso feliz. Comían y bebían, se casaban y daban en casamiento. No entendieron nada –dice el Señor– hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos (ver Mateo 24:37-39). Un destino tan terrible que alcanzó súbitamente a todos aquellos que no respondieron a los llamamientos de la gracia. Y este relato consignado en la Palabra de Dios constituye, de la misma boca del Señor, la más solemne de todas las advertencias para ponerse en regla con Dios. Hoy cada uno está invitado a tomar lugar en el arca o, dicho de otra forma, a encontrar en Cristo un refugio contra la ira de Dios. Pero, si poseemos en él este lugar de perfecta seguridad, jamás olvidemos que él atravesó, en nuestro lugar, las terribles aguas del juicio divino.

Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
(Salmo 42:7)

En medio de ese cataclismo que jamás tuvo igual, Noé y los suyos gozan de una perfecta paz. Así las aguas crezcan o disminuyan, el arca no naufragará… como tampoco el creyente que permanece en Cristo.