Génesis
Génesis

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 4

Caín y Abel

Desde el principio de la humanidad, dos razas se perfilan. Caín, primer hombre nacido en la tierra, es el antepasado de todos los que se apoyan en su propia justicia. Satisfecho de él mismo y de sus obras, inconsciente del pecado y de sus consecuencias, se presenta ante Dios con el fruto de su propio trabajo, fruto de una tierra maldita. ¿Cómo podría Dios apreciarlo? Abel, el segundo hombre, es el fundador de la descendencia de la fe; encabeza la lista de honor del capítulo 11 de la epístola a los Hebreos (v. 4). El sacrificio que ofrece es “más excelente” que el de Caín porque lo ha presentado con la inteligencia del pensamiento de Dios.

Después del pecado del hombre contra Dios (capítulo 3), tenemos aquí su pecado contra su prójimo. Caín mata a su hermano. Y la Palabra, la cual discierne los pensamientos y las intenciones del corazón, revela el motivo de su acción: los celos.

¿Por qué le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.
(1 Juan 3:12)

Cuando más tarde el Señor Jesús vino a la tierra, los judíos le mataron por el mismo motivo. Su perfección hacía resaltar las malas obras de ellos. Derramaron la sangre del verdadero Justo y el castigo de ellos es actualmente el de Caín: están dispersos y son perseguidos en la tierra.

El mundo se organiza sin Dios

Caín, condenado a ser vagabundo, trata de evitar el destino que Dios le ha asignado y se instala en el mundo cómodamente. Construye una ciudad para él y sus descendientes, y cada uno de ellos encuentra una ocupación a su gusto. Pero el «progreso social» no corrige la naturaleza humana. La raza de Caín se parece a su jefe de fila. La violencia y el espíritu de provocación del primer homicida de la historia se reproducen en su descendiente Lamec. Esta escena nos ofrece un resumen del mundo actual que dio muerte a Jesús, el verdadero Abel. Todo continúa como si nada hubiese pasado, como si la crucifixión del Señor no hubiese existido. Se ha organizado para vivir en la tierra lo más agradablemente posible. Nada falta: ciencias, artes, industria e incluso religión. Sólo Jesús casi siempre está ausente.

Pero, paralelamente a la descendencia de Caín, otra raza hace discretamente su aparición al final del capítulo. Set toma el lugar de Abel y entonces se empieza a invocar el nombre de Jehová. La vida del justo, al que han matado, se perpetúa en figura en la descendencia de la fe, mostrándonos cómo Cristo, el segundo Hombre, adquirió una familia, que lleva su nombre y vive en el temor de Dios. Lector, ¿a cuál de las dos razas pertenece usted?