Génesis
Génesis

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 49

Panorama profético (1)

Nos encontramos de nuevo ante un capítulo con carácter profético. En las últimas palabras de Jacob a sus hijos, toda la historia del pueblo de Israel se encuentra trazada y resumida de antemano. Bajo el gobierno de los jueces y los reyes, Israel se corrompió, tal como lo hizo Rubén (cap. 35:22); abandonó a Jehová para ir tras los ídolos. Después, como Simeón y Leví en el capítulo 34, la violencia se manifestó al rechazar a los profetas y al mismo Mesías, provocando la dispersión del pueblo judío entre las naciones. Cristo es representado por Judá, su tribu de nacimiento. A Él pertenecen el cetro del reino y el poder. Luego encontramos a Israel dispersado bajo el juicio de Dios, desplegando una actividad comercial y al mismo tiempo estando bajo el yugo de las naciones. Es el período actual, personificado por Zabulón e Isacar. En cuanto a Dan, representa al Anticristo, personaje judío que en un futuro próximo será recibido por Israel como su Mesías. “Serpiente junto al camino”, figura terrible de las potencias satánicas que obrarán entonces sin moderación. Ante esta horrorosa perspectiva, el residuo fiel no podrá contar más que con la liberación de lo alto:

Tu salvación esperé, oh Jehová.
(v. 18)

Esta esperanza es el tema de los Salmos 130 y 131. Y nosotros, ¿estamos esperando al Señor?

Panorama profético (2)

Cuando la Iglesia sea quitada de esta escena, “la hora de la prueba” vendrá “sobre el mundo entero” (Apocalipsis 3:10). Un residuo creyente de Israel atravesará esta gran tribulación. Lo podemos reconocer en las palabras dirigidas por Jacob a Gad. Benjamín nos habla del rey (Cristo) que inaugura su reinado después de la destrucción de sus enemigos, mientras que Aser y Neftalí representan al pueblo que por fin será bendecido por el establecimiento del reino.

Aun sabiendo que en ese momento ya no estará en la tierra, el hijo de Dios (el creyente) se interesa por estos temas y se regocija pensando que el verdadero José, Cristo, quien fue odiado y rechazado, tendrá el poder supremo y será una bendición para el mundo entero.“Rama fructífera es José… cuyos vástagos se extienden sobre el muro” (v. 22), más allá de los límites de Israel. La bendición se extenderá a las naciones ajenas a las promesas. Así Jesús, el verdadero José, fue “apartado de entre sus hermanos” (literalmente: nazareno) (v. 26). Antes “le causaron amargura… y le aborrecieron” (v. 23); ahora Dios

Le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre.
(Filipenses 2:9-10)

Lector, este nombre puesto aparte, este nombre de Jesús, Dios salvador, ¿es grande para usted?