Génesis
Génesis

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 22

El sacrificio de Isaac

Sabemos que esta escena es una imagen de la cruz. ¿Quién es el Hijo, el Único, aquel a quien el Padre ama, si no el Señor Jesús? Debía ser ofrecido en holocausto. El lugar es visto de lejos en los consejos eternos de Dios. Es el monte Moriah, donde más tarde David ofrecerá el sacrificio expiatorio y donde el templo será edificado (2 Crónicas 3:1). Ese lugar del sacrificio es al mismo tiempo el de la adoración (v. 5). ¡Cuántos motivos encontramos ahí para adorar al Padre y al Hijo, yendo ambos juntos o, dicho de otra manera, no teniendo más que un solo y mismo pensamiento para realizar la obra de la salvación! La obediencia de Isaac nos recuerda la del Señor en Getsemaní:

Mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.
(Marcos 14:36)

Pero, en contraste con Isaac, quien solamente se somete, el Hijo se presentó voluntariamente: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10:9). En contraste una vez más con Isaac, quien no sabía lo que su padre iba a hacer, nos es dicho:

Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó.
(Juan 18:4)

En contraste, por último, con la voz del Ángel que detiene la mano de Abraham, ninguna voz se escuchó en el Gólgota para apartar la espada que debía herir al Hijo de Dios.

Jesucristo muerto y resucitado recibe una esposa

Dios se proveyó de un Cordero para el holocausto. Cuando el Señor Jesús apareció en medio del pueblo, a la orilla del Jordán, Juan el Bautista dijo:

He aquí el Cordero de Dios.
(Juan 1:29)

Era la respuesta divina a todos los pecados que acababan de ser confesados. De modo que el gran misterio –del cual tenemos un reflejo en este capítulo– es ahora revelado. ¡Y qué seguridad continúa dando ese “Jehová-jireh” (Jehová proveerá) a todos aquellos que están atormentados por el peso de sus pecados!

Isaac es, en figura, resucitado (Hebreos 11:19); Cristo lo es en realidad, con todas las consecuencias para Él y para nosotros. A Él, una esposa le será dada, razón por la cual encontramos a Rebeca mencionada en el versículo 23. Nosotros recibiremos las bendiciones celestiales de las cuales tenemos una imagen en los versículos 17 y 18.

La fe de Abraham ha sido mostrada por medio de esta obra (Santiago 2:21). Dios conocía el corazón de Abraham y sabía que poseía esta fe, pero era necesario que esta fuese manifestada públicamente. En lo que nos concierne, si hemos podido confesar: «Creo en el Señor Jesús», tarde o temprano nos será dada la ocasión de demostrarlo. Las pruebas de los cristianos no tienen otra finalidad que poner en evidencia la realidad de la fe que hay en ellos.