1. Pecado
Palabras del Nuevo Testamento
Desde las primeras páginas del Génesis tropezamos, en el mismo huerto de Edén, con el pecado: Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron (Romanos 5:12).
“Allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20)
Mateo 18:20
Sabemos bien que el Señor se halla entre los santos que se reúnen. Él es fiel a su promesa: Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Carta acerca de la evangelización
Pienso que el don de evangelista es el mayor de los privilegios que puede recibir un creyente; aunque personalmente yo no sea un evangelista, hago, cuantas veces me sea posible, la obra lo mejor que puedo.
Cinco palabras
1 Corintios 14:19
A menudo nos maravillamos de cómo y con qué poder las palabras de la Escritura obran en el corazón: verdaderamente asaetean «como aguijones». A veces una corta frase, o quizás unas cuantas palabras, se adueñan del corazón, penetran profundamente en la conciencia y ocupan de tal modo nuestra mente que es notorio que solo Dios puede ser el autor del Libro que contiene dichas palabras.
Edificar su casa
Nuestra responsabilidad frente al casamiento
Muchos problemas –sencillos en sí mismos– se vuelven complicados para nosotros porque no hay en nuestros corazones una verdadera santidad, una auténtica separación interior para el Señor.
El celo por Dios
¡Ser celoso por las cosas de Dios, por el mismo Señor! Nunca lo seremos suficientemente; pero es preciso que este celo sea mantenido, guiado, y a veces también parado por el mismo Dios. Él nos ha dado enseñanzas en su Palabra, para que nuestro celo no se desvíe de su voluntad y para que la nuestra sea excluida.
El testimonio de nuestro Señor
2 Tesalonicenses 1:8
El “testimonio de nuestro Señor” es algo que existe en la tierra aun en un tiempo de ruina espiritual, como el que estamos atravesando en la cristiandad. En 2 Timoteo 1:8 el apóstol dice a su verdadero hijo en la fe:Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor.
El testimonio práctico de los padres
Si es verdad que la mundanalidad constituye un peligro para nuestros hogares, también existe otro que quisiera destacar aquí: la posición espiritual y la unción con las cuales procedemos a la lectura diaria y en familia de la Palabra.
Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón
Salmos 139:23
Dios tiene un conocimiento perfecto no solo de cuanto decimos o hacemos, sino también de nuestros pensamientos más secretos. Discierne todo lo que nuestro corazón encierra, aun cuando nosotros mismos no alcancemos a percibirlo en la mayoría de los casos.
“Guarda tu corazón”
Proverbios 4:23
Es verdad –y lo experimentamos cada día– que no podemos dar un paso hacia adelante con fidelidad sin las benditas compasiones y la divina ayuda de nuestro amado Señor y Salvador. Por otra parte, no hay nada en este mundo que contrarreste tanto la acción y los designios del enemigo como el hecho de que los creyentes deseen de todo corazón caminar en la senda estrecha de la obediencia a Cristo.
Honrar a Dios en nuestros hogares
Tener a los hijos sumisos y mantener el orden en la familia es honrar a Dios; es bueno que este pensamiento conmueva el corazón y ejercite la conciencia de los padres de familia cristianos. Dicho orden revela el temor reverente a Dios; sin ello faltamos, y nuestra desobediencia nos acarreará tristes consecuencias.
Humildad
Carta de J. N. D. a un hermano que se había expresado en términos muy elogiosos respecto a él.
Querido amigo y hermano en Cristo Jesús:
“Instruye al niño…”
Es, por cierto, tarea bastante difícil para los padres criar y educar a sus hijos; pero, como en todo, en nuestra insuficiencia podemos contar con la inmensa gracia de nuestro Dios y, además, encontrar en su Palabra todas las instrucciones que necesitamos para ello.Quisiera destacar, en estas líneas, las preciosas enseñanzas que hallamos en los primeros capítulos de 1 Samuel:
Josías
A los jóvenes creyentes
Cuando el pueblo de Dios se encuentra en un estado de debilidad y decadencia, las almas piadosas ocupan una posición totalmente distinta. El rey Josías es un ejemplo muy notable de ello. Las Escrituras lo distinguen de dos maneras:
La Biblia: ¡Un milagro!
La Santa Escritura no es solo la Revelación escrita de Dios: es también un milagro. Imaginémonos que de los más diversos lugares se hayan traído pedacitos de vidrio de diferentes colores, los cuales, reunidos, formen un conjunto armonioso. Seguramente diremos que algún artista los ordenó para conseguir una hermosa vidriera.
La comunión
La oración es la expresión de las necesidades y de los anhelos del alma; la alabanza y la adoración son el reflejo de su plenitud o completa satisfacción. Pero la COMUNIÓN es el compendio de ambas, es mucho más sublime y elevada. La comunión con Él es el mayor privilegio que el Creador puede conceder a su criatura. Un ángel sirve y alaba, pero no conoce la comunión.
La fe que justifica
“No hay justo, ni aun uno… por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:10-23).“La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
La intercesión de Cristo
IntroducciónDeseamos llamar la atención de los creyentes sobre el precioso servicio que el Señor, glorificado, lleva a cabo por los suyos.
La maledicencia
Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones” (o maledicencias). (1 Pedro 2:1) La maledicencia siempre tiende a arruinar la reputación del prójimo; puede ser provocada por algún motivo como también puede ser del todo gratuita.
La Palabra y su lectura
Las líneas que siguen tienen por objeto alentarnos en la lectura de la Palabra de Dios; pero, ante todo, llamar nuestra atención sobre la condición indispensable que nos permita sacar provecho de ella para nuestras almas y para la gloria de Dios. Bien podemos sentirnos humillados al ver cuán poco sabemos discernir la profundidad y perfección de las Escrituras.
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