Mateo
Mateo

F.B. Hole - 2026

Frank Binford Hole (1874-1964) nació en Barnes, cerca de Londres, Inglaterra. Se convirtió al Señor cuando tenía 16 años. Aunque fue muy activo en la obra de evangelización, la mayoría lo conocen mejor como maestro que instruía a los cristianos en la verdad bíblica. Durante su vida, escribió comentarios sobre varios libros de la Biblia. En esta colección deseamos poner al alcance del lector de habla hispana el valioso ministerio escrito del autor.

Pedir en la tienda

Mateo 28

El VERSÍCULO 1 de este capítulo nos dice que las dos Marías que habían asistido a su entierro fueron al sepulcro cuando terminó el sábado. Llegaron “pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana”. Según el cómputo judío, el día terminaba al atardecer, por lo que, nada más terminar el sábado, se pusieron en marcha y visitaron el sepulcro movidas por su gran devoción. No es fácil unir los detalles que nos dan los cuatro evangelistas para formar una narración conectada, pero parece que las dos Marías hicieron esta visita especial y luego volvieron al amanecer con Salomé y, posiblemente, otras mujeres, llevando especias para embalsamar. Marcos y Lucas nos hablan de esto, por lo que parece que el versículo 5 de nuestro capítulo se refiere a esta segunda ocasión y que lo que se registra en los versículos 2 a 4 tuvo lugar entre las dos visitas. En todo caso, está claro que al amanecer del primer día de la semana, Cristo había resucitado.

Un terremoto señaló su muerte, y un gran terremoto, aunque aparentemente muy local, pues estaba relacionado con el descenso del ángel del Señor, anunció su resurrección. Las autoridades habían sellado la tumba, pero una autoridad mucho mayor rompió el sello y apartó la pesada puerta de piedra. Ante su presencia, los guardias temblaron y cayeron al suelo como muertos. La tumba sellada fue el gran desafío de hombres audaces. Dios aceptó el desafío, quebrantó su poder y redujo a la nada a sus representantes. El Señor Jesús había resucitado por el poder de Dios y la tumba se abrió para que los hombres pudieran ver que, sin lugar a dudas, Él ya no estaba allí. El ángel no solo hizo rodar la piedra, sino que se sentó sobre ella, sellando la tumba en su nueva posición para que nadie pudiera moverla hasta que un buen número de testigos hubiera visto la tumba vacía.

Mateo nos habla de un ángel sentado sobre la piedra. Marcos, por su parte, habla de uno sentado a la derecha, pero dentro del sepulcro. Lucas y Juan, por su parte, hablan de dos ángeles. Sin embargo, todos ellos nos muestran que, aunque las mujeres temieron en presencia de los ángeles, no se quedaran como muertas como los soldados. Buscaban a Jesús crucificado, así que la palabra para ellas fue 

No temáis. 

Se les anunció la resurrección y se les invitó a ver el lugar donde había yacido Su cuerpo. Según deducimos del relato de Juan, las envolturas de lino yacían todas en su lugar e intactas, pero el sagrado cuerpo había salido de ellas. Bastaba con ver el lugar donde yacía para convencerse de que el cuerpo no había sido sustraído ni robado. Había tenido lugar un acto sobrenatural y ellas debían ir como mensajeras a los discípulos para decirles que se reunieran con Él en Galilea.

A pesar de que estaban llenas de emociones contradictorias, miedo y alegría, las mujeres recibieron la palabra del ángel con fe y, en consecuencia, se pusieron en camino obedeciendo. Su obediencia fue recompensada rápidamente con la aparición del mismo Señor resucitado, que las llevó a Sus pies como adoradoras y las envió como mensajeras Suyas, no solo del ángel. Durante la última cena, el Señor había designado Galilea como lugar de reunión y se lo confirmó.

El párrafo parentético (versículos 11-15) nos ofrece un contraste sorprendente. Pasamos de la luminosa escena de la resurrección, llena de alegría, fe, adoración y testimonio, a la densa oscuridad de la incredulidad, con odio, conspiración, soborno y corrupción, que dio lugar a una mentira tan flagrante que acabó siendo descubierta. Si estaban dormidos, ¿cómo podían saber lo que había ocurrido? La raíz de este mal era el dinero y su avaricia. Los soldados fueron sobornados y, seguramente, la persuasión del gobernador se logró de la misma manera. Cualquier cosa con tal de impedir que saliera a la luz la verdad sobre la resurrección. Eran conscientes de que esto arruinaría su causa y establecería la de Jesús, y el diablo, que los movía, era mucho más consciente de ello que ellos. Solo dieron treinta monedas de plata a Judas para cubrir su muerte, pero dieron mucho dinero a los soldados para suprimir el hecho de su resurrección.

El evangelio termina con el encuentro de los discípulos con el Señor resucitado en Galilea, y con la misión que les encomendó. No se mencionan las diversas apariciones en Jerusalén ni la ascensión desde Betania. Al mismo tiempo que señala el establecimiento de la Iglesia, este evangelio ha trazado para nosotros la transición desde la presentación del reino en conexión con el Mesías en la tierra, tal y como fue predicho por los profetas, hasta el reino de los cielos en su forma actual, es decir, en una forma misteriosa mientras el Rey está oculto en los cielos. Jerusalén era el lugar donde iban a recibir el Espíritu Santo y ser bautizados en el cuerpo, la Iglesia, pocos días después; Galilea era la región donde se encontraba la gran mayoría del piadoso remanente de Israel que, al recibirle, entró en el reino, mientras la mayoría del pueblo se lo perdía.

Así pues, el Señor restableció los vínculos en la resurrección con aquel remanente, del que los once discípulos eran los miembros más destacados. Aunque no se menciona que fuera arrebatado al cielo, los comisiona como si hablara desde él, ya que todo poder le había sido dado en el cielo y en la tierra. Todavía no había llegado el momento de revelar plenamente la misión cristiana de reunir de entre las naciones un pueblo para su nombre; los términos aquí son más generales. Debían ir y hacer discípulos, y bautizarlos; esta comisión puede ser asumida por el remanente creyente de Israel después de la desaparición de la Iglesia. Así como Israel fue bautizado por Moisés, su líder, el discípulo debe ser bautizado en el nombre de Cristo resucitado, reconociéndolo como autoridad, y el bautismo debe realizarse en el nombre de Dios, tal y como se ha revelado por completo. No es plural, sino singular: no nombres, sino nombre, pues, aunque revelada en tres personas, la Divinidad es una.

La palabra final es: 

Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. 

En este pasaje final tenemos cuatro veces esta expresión absoluta: “toda”, “todas” (dos veces), “todos”. Nuestro Señor, exaltado en lo alto, ejerce todo su poder en ambas esferas, de modo que nada está fuera de su alcance. Si algo adverso sucede a sus siervos, debe ser por su permiso. Todas las naciones han de ser el ámbito de su servicio, no solo en medio de Israel como hasta ahora. Se ha de enseñar a los bautizados de las naciones a observar todos los mandamientos e instrucciones del Señor, pues los siervos se han de caracterizar por la obediencia y han de llevar también a la obediencia a quienes alcancen. Entonces podrán contar con el apoyo y la presencia espiritual de su Maestro todos los días hasta el final.

Esa es la comisión con la que termina el evangelio. A medida que avanzamos en la lectura de los Hechos y pasamos por las Epístolas, descubrimos desarrollos que nos ofrecen la comisión evangélica completa para hoy, pero sin perder la luz y el beneficio de lo que el Señor dice aquí. Todavía vamos a todas las naciones, bautizando en el nombre del Señor. Todavía tenemos que enseñar toda la palabra del Señor. Todo el poder sigue siendo Suyo. Su presencia estará con nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos, pase lo que pase.