Mateo
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F.B. Hole - 2026

Frank Binford Hole (1874-1964) nació en Barnes, cerca de Londres, Inglaterra. Se convirtió al Señor cuando tenía 16 años. Aunque fue muy activo en la obra de evangelización, la mayoría lo conocen mejor como maestro que instruía a los cristianos en la verdad bíblica. Durante su vida, escribió comentarios sobre varios libros de la Biblia. En esta colección deseamos poner al alcance del lector de habla hispana el valioso ministerio escrito del autor.

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Mateo 3

EL TERCER CAPÍTULO presenta a Juan el Bautista sin preliminares sobre su nacimiento u origen. Cumplió la profecía de Isaías; predicó en el desierto, lejos de las moradas de los hombres; se apartó de las costumbres de los hombres en el vestir y en el comer; y su tema fue el arrepentimiento, en vista de la proximidad del reino de los cielos. Era un ministerio muy singular. ¿Qué otro predicador ha elegido un desierto como ámbito geográfico de su ministerio? Felipe el evangelista fue ciertamente al desierto del sur para encontrarse con un individuo especial; más el poder de Dios estaba de tal manera con Juan que las multitudes acudían a él y eran bautizadas, confesando sus pecados.

En este evangelio se menciona con frecuencia “el reino de los cielos”, y por primera vez se hace referencia a él. Mateo no ofrece ninguna explicación al respecto, ni registra una explicación como la ofrecida por Juan; sin duda, la razón es que la llegada de un día en que “el Dios del cielo” establecería un reino en el que todos verían “que el cielo gobierna”, había sido anunciada en el libro de Daniel. Por consiguiente, el término no les resultaría desconocido ni a sus oyentes ni a ningún lector judío. El mismo profeta tuvo una visión del Hijo del Hombre que venía con las nubes del cielo y tomaba el reino, y los santos lo poseían con Él. Ahora bien, el reino estaba cerca en la medida en que “Jesucristo, Hijo de David”, se encontraba entre los hombres.

Cuando hay una obra de Dios genuina y poderosa, a los hombres no les gusta estar al margen de ella, especialmente si son líderes religiosos: por consiguiente, encontramos tanto a fariseos como a saduceos acudiendo al bautismo de Juan. Sin embargo, Juan se enfrentó a ellos con visión profética. Los desenmascaró por ser semejantes a la serpiente y les advirtió de la ira que les esperaba. Sabía que se jactarían de pertenecer a la descendencia de Abraham, así que les quitó de en medio ese pretexto, mostrándoles que eso no valdría ante Dios. Lo único que valía era el arrepentimiento, y su bautismo tenía ese fin; pero debía ser genuino y manifestarse en frutos adecuados. Santiago insiste en su epístola que la fe, si es real y vital, debe expresarse en obras adecuadas. Aquí Juan hace exactamente lo mismo con respecto al arrepentimiento.

Estos versículos en medio de Mateo 3, nos dan una idea de lo que estaba mal. Con la llegada del verdadero Hijo de David y de Abraham, el reino estaba cerca, y no bastaba tener una mera conexión de descendencia con Abraham. Moisés les había dado la ley; Elías se las había recordado después de haberla abandonado. Juan se limitó a hacer un contundente llamamiento al arrepentimiento, lo que equivalía a decir: “Según la ley estáis perdidos, y no os queda más que reconocerlo con honestidad y con humilde dolor de corazón”. Para su propia ruina, la gran mayoría no estaba preparada para eso.

Juan también anunció la venida del Poderoso, de quien él era el precursor. No había comparación entre ellos y Juan confesó esto diciendo que ni siquiera era digno de llevar las sandalias de sus pies. También contrastó su propio bautismo con agua con el bautismo con el Espíritu Santo y fuego.  El que viene deberá ejercer un discernimiento perfecto, separando la paja del trigo. A unos bautizará con el Espíritu Santo, y a otros con el fuego del juicio; y los sufrimientos serán eternos porque el fuego nunca se apagará.

Estas palabras de Juan debieron haber sido muy difíciles de entender, y se cumplirán cuando esté a punto de iniciar el milenio. Entonces el Espíritu se derramará sobre toda carne, es decir, sobre todos los que han sido redimidos, no solo sobre los judíos. Por otra parte, los impíos serán lanzados al fuego eterno, como nos muestra el final de Mateo 25. Mientras tanto, se ha producido un cumplimiento anticipado del bautismo del Espíritu, en el momento del establecimiento de la Iglesia, como muestra Hechos 2. Aquí en Mateo el contexto revela claramente que el “fuego” se refiere al juicio, y no a las lenguas de fuego del día de Pentecostés, ni a ninguna acción similar de bendición.

Cuando Jesús inició su ministerio, su primer acto fue ir al bautismo de Juan, a pesar de las objeciones que este expresó. Esa objeción sirvió para poner de manifiesto el principio sobre el cual actuaba el Señor: estaba cumpliendo la justicia. No tenía pecados que confesar; sin embargo, al tomar el lugar del hombre, era justo que se identificara con los piadosos, los cuales estaban tomando su verdadero lugar ante Dios. En tiempos pasados, hombres de Dios habían hecho lo mismo en principio —Esdras y Daniel, por ejemplo—, confesaron como propios pecados en los que tenían muy poca participación, aunque ellos mismos eran pecadores. Aquí estaba el Único sin pecado, y lo hizo perfectamente. Y para que no hubiera ningún equívoco, en el mismo momento en que lo hizo, se abrieron los cielos sobre Él en la primera gran manifestación de la Trinidad, y la voz del cielo declaró que Él era el Hijo amado, en quien el Padre encontraba toda su complacencia. En forma de paloma, el Espíritu descendió sobre Aquel que iba a bautizar a los demás con ese mismo Espíritu.