Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 51

Comparación con la Babilonia simbólica

Muchas de las expresiones de estos capítulos se vuelven a emplear en el Apocalipsis a propósito de la futura Babilonia. Esta no es más una ciudad sino un vasto sistema religioso, satánica imitación de la Iglesia de Cristo, la que se desarrollará plenamente después de que esta última haya sido arrebatada. En ese despliegue del mal, el divino llamado se hace oír varias veces: “Salid de en medio de ella, pueblo mío” (cap. 50:8; 51:6, 45; Esdras 48:20; Zacarías 2:7; Apocalipsis 18:4). En efecto, permanecer en Babilonia después de la condena pronunciada por Dios era, por una parte, participar de sus pecados y, por otra, exponerse a compartir sus plagas. El Señor imparte hoy una orden semejante a todos los suyos que todavía están en los diferentes medios de la cristiandad nominal: “Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2:19). Pero, pese a comprobar esa iniquidad alrededor de ellos, ciertos creyentes estiman que deben permanecer en un medio reconocido como malo; esperan que su buena influencia contribuya a mejorar ese ámbito. Eso es forjarse una ilusión y, al mismo tiempo, estimarse más sabio que Aquel que les ordena salir de allí (2 Corintios 6:14-18).

Un Dios de retribuciones

“Acordaos por muchos días de Jehová, y acordaos de Jerusalén” (v. 50). El remanente fiel era invitado a salir del corrupto medio de Babilonia, no sin saber adónde ir. Para tomar esta valerosa decisión, primeramente era necesario ser atraído fuera mediante poderosos afectos (Salmo 137:5-6).

Asimismo, hoy en día el creyente es invitado a salir fuera del campamento religioso de la profesión cristiana «hacia él», hacia Jesús, presente en medio de los “dos o tres” congregados en su nombre
(Hebreos 13:13).

 

Al terminar la exposición de todos sus juicios, Jehová los firma con un temible nombre: Dios de retribuciones (v. 56). Pero, lo que es un notable detalle, esas palabras de juicio contra Babilonia preceden al relato de la destrucción del templo en el capítulo 52. Es necesario que la ruina de los ídolos babilónicos sea anunciada antes de que efectivamente tenga lugar la del Templo (v. 47, 52). Así nadie podrá pensar que esos ídolos son realmente más poderosos que el Dios de Israel. Siete años antes de la toma de Jerusalén, todas esas palabras debían ser escritas en un libro. Y este, después de haber sido leído, debía ser sumergido en medio del Eufrates por mano de Seraías, hermano de Baruc, como testimonio de que Babilonia sería tragada.