Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 41

Miedo a las represalias

La noticia de la horrenda masacre de Mizpa llega a oídos de Johanán. Rápidamente se dirige hacia la tropa de Ismael y, a su llegada, todo el pueblo al que este último conducía en cautiverio, para entregarlo a los hijos de Amón, se apresura a cambiar de campamento. Ismael mismo, al darse cuenta de que tenía que vérselas con alguien más fuerte que él, escapa con ocho hombres y halla refugio junto a Baalis, su protector. Por su lado, Johanán y el pueblo liberado van a habitar a Gerut-quimam (mesón de Quimam), cerca de Belén (quizás el mismo en que, más tarde, no habrá lugar para el Hijo de Dios; Lucas 2:7).

Pero el peligro para esa pobre gente está lejos de haber sido ahuyentado. El asesinato del gobernador establecido por el rey de Babilonia expone ahora a los judíos a la ira de este último, tan pronto como sea informado. Temen que Nabucodonosor, perdiendo la paciencia a causa de las sucesivas rebeliones del pueblo de Judá, intervenga con suma severidad, y esta vez los inocentes paguen por los culpables. En su temor y perplejidad, Johanán y sus compañeros se vuelven con aparente humildad hacia Jeremías, a quien hallamos de nuevo entre ellos. Él es el portador de la Palabra de Dios, y, repitámoslo, esta es la única fuente de luz, tanto para nosotros como para ese pueblo (Salmo 119:105).