Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 25

Dios tiene en su mano los acontecimientos de la historia

El capítulo 25 vuelve atrás, al reinado de Joacim. Ya hacía veintitrés años que Jeremías profetizaba. En su celo y su amor por el pueblo se levantaba temprano para dirigirle sus llamados (v. 3). La paciencia de Dios iba a acabarse pronto. Cada día podía ser el último. Por eso el hombre de Dios se sentía urgido para entregar su mensaje. Y, notable detalle, a menudo la misma expresión se emplea con respecto a Jehová (aquí en el v. 4). Él también se levanta temprano para enviar a sus siervos. ¿Estamos preparados a esa hora matinal en que las tareas son distribuidas? Imitemos al Siervo perfecto, cuya incansable actividad empezaba muy de mañana (Juan 8:2, V. M.) o aún antes (Marcos 1:35).

En su gracia, Dios fija una duración limitada a la transportación a Babilonia: setenta años. Cuando ese tiempo esté casi terminado, Daniel leerá esta profecía y la tomará en cuenta para dar a Israel en el cautiverio la señal y el ejemplo de la humillación (Daniel 9:2-3).

Luego, hasta el final del capítulo, Dios desarrolla la declaración del versículo 14, mostrando de qué manera se dispone a castigar a las naciones que no temieron sojuzgar y oprimir a su pueblo.