Capítulo 23
El verdadero Pastor vendrá
En los capítulos 21 y 22 la palabra de Jehová condenó a los últimos reyes. En realidad, todos los responsables de Judá, “tanto el profeta como el sacerdote” (v. 11) faltaron a sus deberes. En lugar de apacentar al pueblo “siendo ejemplos de la grey” (1 Pedro 5:3), fueron malos pastores. A causa de su deplorable conducta el rebaño fue descuidado, destruido y dispersado (comp. Ezequiel 34:4-6). Por eso Dios se encargará de juntar él mismo el remanente de ese rebaño, dándole otro Pastor (Juan 10:14). La familia real de Israel falló por completo. Pero, en esa misma casa de David, Dios suscitará un Renuevo justo, un Rey divino:
Jehová, justicia nuestra
(comp. 1 Corintios 1:30).
Esa expresión “el Renuevo” es empleada cinco veces en los Profetas para designar al Señor Jesús. Aquí y en el capítulo 33:15 como el Rey, carácter que tiene en el evangelio de Mateo. En Zacarías (cap. 3:8) como “mi siervo el Renuevo” y en el capítulo 6:12 como “el varón cuyo nombre es el Renuevo”, respectivamente Cristo en los evangelios de Marcos y Lucas. Finalmente, en Isaías 4:2 como “el renuevo de Jehová… para hermosura y gloria”, en quien reconocemos al Hijo de Dios presentado por el evangelio de Juan.
¿Falsos o verdaderos profetas?
Entre los malos pastores de Israel, los profetas eran particularmente culpables. Habían hecho concebir al pueblo la loca ilusión de que, pese a sus pecados, todo iría a pedir de boca. Eran mentirosos. Habían corrido… sin que Jehová los hubiera enviado; habían hablado, pero no como oráculos de Dios (v. 21, 38; 1 Pedro 4:11). Una gran actividad religiosa está lejos de ser siempre la prueba y el resultado de un buen estado espiritual. Para el creyente actual, como para el profeta de otros tiempos, solo existe una regla para correr y hablar: primeramente, quedarse “en el secreto de Jehová” (v. 18, 22), dicho de otro modo, en la comunión con el Señor para conocer y hacer su voluntad.
En el versículo 23 se formula una pregunta:
¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos?. El Señor está cerca puede contestar el apóstol . Cada uno de nosotros ¿lo experimentó?
(comp. (Filipenses 4:5)
La Palabra de Dios es como fuego (v. 29). Del mismo modo que la llama de un soplete permite quitar las escorias del metal, ella se dedica a purificar nuestra alma consumiendo las impurezas que la contaminan y la ahogan (Proverbios 25:4). Es la fuerza motriz del creyente, como asimismo el fogón bajo la caldera (cap. 20:9). Pero también es el martillo capaz de quebrantar una voluntad rebelde.
