Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 12

Desconcierto y preguntas del profeta

Este capítulo 12 nos relata una conversación que mantiene Jehová con Jeremías. Esta vez no se trata de una oración del profeta en favor de Israel, sino de dolorosas preguntas que le oprimen el corazón y que él expone a Dios debido a la amargura de su alma. Los hombres de la ciudad de Anatot, sus conciudadanos, hasta le habían amenazado de muerte si no se callaba (cap. 11:21). Por el versículo 6 nos enteramos de que aun su propia familia había obrado pérfidamente y había dado “gritos” en pos de él (comp. Lucas 4:24-26). Había motivo para hacerle perder el ánimo, pero Jehová comprende la turbación de su siervo (¿no lo había traicionado su propio pueblo?) y le explica lo que Él está obligado a hacer: abandonar el templo contaminado, desamparar a Israel –su herencia– y entregarlo a sus enemigos (v. 7). Se puede pensar cuáles son los sentimientos de Dios al tomar semejantes decisiones. Para que los podamos sopesar, emplea la más conmovedora expresión para referirse a su pueblo: “lo que amaba mi alma”.

Las naciones obraban como malos vecinos; tendrán que soportar las consecuencias. Sin embargo, Dios todavía tenía en reserva bendiciones para Israel y también para esas naciones con tal que aprendieran Sus caminos.