Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 35

Las circunstancias cambian, la Palabra es inmutable

Esta vez Jeremías tiene ante sí un servicio que se revelará como alentador. Dios le encargó que invitara a los miembros de la familia de los recabitas a la casa de Jehová a fin de ponerlos a prueba. ¿Tomarán el vino que el profeta les servirá? Esos hombres rehúsan con firmeza las copas que se les ofrece y dan a conocer el motivo de esa actitud. Como verdaderos nazareos están consagrados a abstenerse de lo que representa los goces del mundo (Números 6:1-3). Además, manifestando el carácter de extranjeros en una tierra donde solo residen temporalmente (fin del v. 7), no siembran ni edifican, sino que viven en tiendas. Toda esa conducta –aclaran ellos– les fue dictada por su antepasado Jonadab, ese hombre fiel que 2 Reyes 10:15 y 16 nos muestra tomando firme partido por Jehová.

Algunos de nosotros hemos tenido padres o abuelos que nos enseñaron –sin que siempre fuera comprendida–

la separación respecto de un mundo en el cual el creyente es extranjero como lo fue su Señor. Más que nunca debe ser realizada en vísperas de su retorno
(Apocalipsis 22:11-12).

Y él, por cuanto nos ha dado en sí mismo un “gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8), nos invita a abstenernos de los goces del mundo.

Obediencia recompensada

Los hijos de Recab fácilmente habrían podido alegar que, como habían transcurrido más de 250 años desde las instrucciones de su antepasado, era necesario vivir de modo acorde a la época, o que un comportamiento exterior carecía de valor frente a las disposiciones del corazón. Hoy en día, algunos invocan tales pretextos para ensanchar el camino. ¡Pero no! y Dios se complace en reconocer que “los hijos de Jonadab, hijo de Recab, tuvieron por firme el mandamiento que les dio su padre” (v. 16). De una generación a otra habían mantenido firmemente, sin ruido (pero ciertamente no sin oprobio ni sufrimientos) la piadosa línea de conducta trazada por su antecesor. Bajo los tan odiosos reinados de Acaz, de Manasés y de Amón, habían formado parte de los fieles ocultos que Jehová conocía, como los siete mil en tiempos de Elías (1 Reyes 19:18). Y no habríamos sabido nada de toda esa familia si Dios no hubiese querido servirse de ella para dar testimonio público a todo Judá. Sí, el ejemplo de los recabitas subrayaba la desobediencia del pueblo de Jerusalén… de igual modo que hoy la manera de vivir de los cristianos debería, por contraste, condenar a un mundo rebelado contra Dios y hablar a su conciencia.