Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 39

La paciencia de Dios tiene un límite – Fe honrada

¡Y ocurre la trágica toma de Jerusalén!

Sedequías y sus guerreros huyen a través de los huertos. ¡Demasiado tarde! Son alcanzados, encadenados y conducidos ante el rey de Babilonia. Once años antes, este último había colocado a Sedequías en el trono de Judá y le había hecho prometer fidelidad jurando por Dios (2 Crónicas 36:13; Ezequiel 17:18-20). Al rebelarse con el apoyo de Egipto (cap. 37:7), Sedequías había faltado a su palabra y mostrado a los enemigos de Israel el poco caso que hacía del nombre de Jehová, al cual, en cambio, Nabucodonosor le había concedido valor. De ahí el cruel castigo que soporta el rey cobarde y perjuro.

Los versículos 15 a 18 contienen palabras dirigidas personalmente a Ebed-melec. Dios conocía sus temores (v. 17) –así como conoce todas nuestras inquietudes– y no lo condena. Pero, en tanto que los temores de Sedequías lo habían conducido a apoyarse en los hombres para escapar de otros hombres, el temor experimentado por Ebed-melec le hacía recurrir a Jehová. “Tuviste confianza en mí” dijo Jehová. Ese hermoso testimonio abre a ese humilde esclavo extranjero el acceso a las promesas de gracia del cap. 17:7 y 8 (comp. Salmo 37:3, 39-40; Rut 2:12).