Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 22

Mensaje a los reyes: todavía es tiempo para arrepentirse

A la orden de Jehová, Jeremías está dispuesto a ir al palacio real como había ido a la humilde casa del alfarero. De nuevo su tarea es difícil, porque se trata de advertir y exhortar personalmente al propio rey de Judá. Dar testimonio ante un superior es una prueba particularmente difícil para un joven creyente; pero, si cuenta con el Señor, siempre será fortalecido y bendecido al hacerlo (léase Hechos 26:22).

Antiguamente, Dios había prometido a David que si sus descendientes pusieran cuidado en sus caminos para andar delante de Él con verdad, de todo corazón, no faltaría varón en el trono de Israel (1 Reyes 2:4). ¡Ay! ni Salum (o Joacaz, véase 2 Reyes 23:31-32), ni sus hermanos Joacim y Sedequías, ni Conías (Joaquín) cumplieron ese requisito. Por eso serán los últimos cuatro reyes de la dinastía de David antes de la dispersión del pueblo. En esos capítulos 21 y 22, cada uno de ellos es señalado por su nombre y condenado por sus propias faltas. Ninguno podrá decir que soporta las consecuencias de los pecados de sus predecesores (comp. cap. 31:29), ninguno podrá alegar que no fue advertido, pues el ministerio del profeta se prolongó durante todos esos reinados (cap. 21:7; 22:11, 18, 24).

No se puede desafiar al Señor impunemente

“Oye palabra de Jehová, oh rey de Judá… tú, y tus siervos, y tu pueblo…” (v. 2). Pero en vano Jeremías dirigió esa apremiante invitación a Joacim. Desde su juventud, cuando todo iba bien, este había decidido no escuchar la voz de Jehová (según el v. 21, el que también se aplica a todo su pueblo). Por eso, podemos ver los malos frutos que ello le acarreó cuando, llegado a la edad adulta, sus responsabilidades se vieron caracterizadas por la injusticia, la falta de rectitud, la soberbia, la falta de honradez, la tiranía y la violencia (v. 13, 17, en el último de los cuales Jeremías no vacila en decirle al rey que es un asesino). Sin embargo, Joacim había tenido ante sus ojos el buen ejemplo de su padre Josías y las felices consecuencias de su fiel andar (v. 15-16). ¡Hijos de padres creyentes, acordaos de la historia de ese rey!

El versículo 14 también merece toda nuestra atención. La búsqueda del lujo por parte de un creyente ¿no contradice su carácter de extranjero y su vocación celestial?

Luego se trata de Conías, joven de 18 años, quien solo reinó tres meses antes de ser transportado con su madre a Babilonia (2 Reyes 24:8 y sig.) Por medio de tales acontecimientos Dios se dirigía al mundo entero (v. 29). Ese castigo público mostraba que no se desafía impunemente su voluntad.