Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 48

Las razones del juicio sobre Moab

Después del corto capítulo dedicado a Filistea, Jehová, en cambio, tiene mucho que decir respecto de Moab. Ese pueblo había puesto su confianza en sus bienes, en sus tesoros (v. 7), en su dios Quemos (v. 13) y en sus hombres de guerra (v. 14). Pero esos socorros, con los cuales contaba, no solamente no lo liberan en absoluto sino que son la causa del juicio que cae sobre él (v. 7).

Algo esencial le había faltado a Moab. Por más sorprendente que pueda parecer, eran… las pruebas. El vino nuevo debe primeramente ser trasvasado de vasija en vasija hasta que se ponga claro, «despejado», después de depositarse poco a poco todo su sedimento. Pero Moab nunca había sufrido ese tratamiento. Estuvo quieto “desde su juventud” (v. 11; Zacarías 1:15); no había aprendido, mediante difíciles circunstancias, a conocerse para perder su mal sabor original (es el resultado que Jehová va a tratar de producir en Israel al enviarlo en cautiverio). Sí, el Señor sabe lo que hace cuando permite circunstancias que nos revuelven y nos arrancan de nuestra indolencia (Salmo 119:67). Esos desagradables «trasiegos» están destinados a hacernos perder, cada vez más, un poco de nuestra propia voluntad, un poco de nuestra pretensión y un poco de nuestra confianza en nosotros mismos.