Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 33

Curación final del pueblo

De nuevo Jehová se dirige a su siervo en la cárcel. Todavía tiene que hacerle preciosas revelaciones y le exhorta a orar para obtenerlas (v. 3; Amós 3:7). Dios está siempre dispuesto a instruirnos en cosas grandes y ocultas que no sabemos. Pero nos invita a pedírselas primeramente.

Jeremías va a oír hablar de lo que más le preocupa: la restauración de su pueblo después del desastre que va a caer sobre él. Hoy día, en ciertas regiones cuyo suelo es estéril existen aldeas enteras que fueron abandonadas como consecuencia del despoblamiento del campo. Pocos espectáculos son tan lúgubres. Cuánto peor debía ser la desolación de una ciudad como Jerusalén devastada y quemada después del exilio de sus habitantes (v. 10; véase Nehemías 2:13-14). Pero las promesas de Dios son formales: la alegría y la animación llenarán de nuevo la ciudad. Se le dará un nombre nuevo: “Jehová, justicia nuestra” (v. 16); él nos recuerda que nadie entrará en la ciudad celestial en virtud de su propia justicia.

Allí todo estará exclusivamente fundado en la de Cristo.

Y las dos familias por medio de las cuales se aseguraban las relaciones del pueblo con Dios –la de los reyes y la de los sacerdotes volverán a verse representadas (v. 17-18).