Capítulo 49
Creerse a salvo
Los hijos de Amón habían aprovechado cobardemente la transportación de las diez tribus para apropiarse del territorio de Gad, ubicado al otro lado del Jordán. Para volver a poner las cosas en su lugar, después de haber «heredado» indebidamente de Israel, vendrán a ser su heredad (final del v. 2). Ayer vimos que Moab, el burlador, llega a ser a su vez objeto de escarnio (cap. 48:26-27),
y es notable observar que los juicios que Dios envía, a menudo están en relación con la falta cometida hacia los demás.
Tales lecciones, si sabemos recibirlas, permitirán que comprendamos mejor el alcance de Mateo 7:2 y 12, versículos que nos exhortan a no hacer a los demás lo que no deseamos que nos sea hecho.
Lo que caracteriza aquí a Edom es su extrema arrogancia. Este pueblo, anidado como el águila en sus peñas escarpadas y agrestes del monte de Seír (v. 16), se consideraba invulnerable. Pero Dios supo y sabrá hallarlo de nuevo para hacerlo descender de allí, reduciendo su guarida a perpetuo desierto (v. 13; Abdías v. 4). Contrariamente a lo hecho con Moab y Amón, Jehová, al terminar, no da a Edom ninguna promesa de hacer volver sus cautivos. “Ni aun resto quedará de la casa de Esaú” (Abdías 18; comp. cap. 48:47; 49:6).
No podemos escapar a lo que Dios decreta
Después de Edom, se trata primeramente de Damasco, con Hamat y Arfad, principales ciudades de Siria; luego, de Cedar y Hazor, donde habitaban tribus nómadas. Finalmente, se pronuncia la sentencia contra Elam (Persia), nación alejada de Israel, mientras que todas las demás eran vecinas.
Dios es justo. Midió exactamente el castigo de cada uno de esos pueblos y lo proporciona a los privilegios que recibieron (Romanos 2:6; Daniel 4:35). En el capítulo 2:10-11, Jehová precisamente había comparado a Israel con Cedar, pueblo primitivo e ignorante, pero que, por lo menos, había permanecido fiel a sus falsos dioses, mientras que Su pueblo se había alejado del verdadero Dios. ¡Cuánto más culpable era Israel, instruido por la ley! Recordemos –especialmente si somos hijos de padres creyentes– este importante versículo: “A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará” (Lucas 12:48).
Todos esos pueblos debían caer, al igual que Judá, bajo el poder de Nabucodonosor (v. 30) y convertirse en otras tantas provincias del gran imperio babilónico. Era, pues, vano e insensato de parte de los judíos volverse hacia esos vecinos para buscar refugio y seguridad (Salmo 60:11). ¿Cómo podrían ayudarles esos pueblos, ya que ellos mismos no podían liberarse?
