Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 32

Un contrato de compra firmado en la prisión

Este capítulo 32 se abre sobre acontecimientos particularmente críticos. Jerusalén, sitiada por el ejército babilónico, está viviendo los últimos días de su independencia. Para hacer callar a Jeremías, acusado de socavar el ánimo de los asediados, el rey tuvo la precaución de encerrarlo en la cárcel del palacio. Pero el cautiverio del profeta no impide que la palabra de Jehová llegue hasta él. Tampoco le impide que, conforme a las instrucciones que recibe, compre el campo de su primo Hanameel por medio de su fiel Baruc, mencionado aquí por primera vez. En semejante momento ese acto tiene un significado evidente y público. Pese a saber por medio de la palabra de Jehová que la ruina es inminente e inevitable, Jeremías muestra su fe en la misma Palabra divina, según la cual la restauración de Israel se cumplirá más tarde con toda seguridad (cap. 31). La situación personal del profeta no tiene solución (¿para qué puede servirle un campo a un prisionero?), la del pueblo es desesperada; humanamente hablando, Jeremías no tiene nada que esperar de sus compatriotas ni de los enemigos caldeos. Pero, contra toda esperanza, él cree con esperanza (véase Romanos 4:18). Y ese campo que él compra da testimonio de ello ante todos.

Nada es imposible para Dios

Aún hoy, cuando alguien compra un terreno o una casa, se debe cumplir cierto número de formalidades ante un escribano y las autoridades. Después de eso, el nuevo adquirente recibe un documento oficial que prueba su calidad de propietario. Jeremías conservará cuidadosamente las cartas que acreditan que el campo le pertenece (v. 14). Dios, por la Palabra de su gracia, garantiza a todos sus hijos “herencia con todos los santificados” (Hechos 20:32). Y podemos afirmar como Pablo: “Estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12). Además, ese final del reino de Judá por diversos motivos se parece a los días de la segunda epístola a Timoteo. En medio de la ruina, Jeremías, solo y prisionero como el apóstol, sabe a quién creyó. Su oración sube hacia Jehová (v. 16-25). Pone en contraste la actual angustia con las bendiciones de otros tiempos. Pero conoce el gran poder del Señor (v. 17), su bondad (v. 18) y la grandeza de su consejo (v. 19; comp. 2 Timoteo 1:7).

Ni hay nada que sea difícil para ti

puede decir él. Es lo que Dios le confirma en su hermosa respuesta… y lo que nos confirma (v. 27; comp. Mateo 19:26).