Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 2

El corazón del pueblo se alejó

Las primeras palabras que Jehová pone en boca de Jeremías están destinadas a reconquistar el corazón de su pueblo olvidadizo… ¡fiel imagen de nuestro propio corazón! Y es como si el Señor nos preguntara con ternura: ¿Te acuerdas de ese tiempo feliz que siguió a tu conversión? Entonces, ¡cómo ardías de celo y reconocimiento! Por cierto, andabas en este mundo como en un desierto, “en tierra no sembrada”. Pero yo te bastaba plenamente. Si bien te olvidaste de aquel tiempo, yo en cambio he guardado el recuerdo de él. Porque me era agradable ese ardor de tus afectos, ese gozo de tu primer amor (Apocalipsis 2:4).

¡Ay! dice Jehová, “mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha (v. 11; 8 al final). Sea sincero, lector, si tal vez se ha alejado del Señor: ello ¿le ha sido provechoso? Él es la “fuente de agua viva”; ¡qué locura es abandonarle para cavarse “cisternas rotas que no retienen agua”! o para ir a beber a los ríos de Egipto y Asiria, figuras del mundo (v. 18). Porque “cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; pero el que bebiere del agua que Jesús da, no tendrá sed jamás (Juan 4:10, 13-14).

¿Qué rastros dejamos en el camino?

El abandono del primer amor siempre es el punto de partida –oculto al principio– de muchos otros males. Dios había sacado a Israel fuera de Egipto para que le sirviera (Éxodo 4:23). Y vemos cómo este pueblo le declara descaradamente: “No serviré” (v. 20; comp. en Nehemías 3:5 el ejemplo de los jefes tecoítas). También es la triste respuesta de numerosos cristianos a aquel que los salvó ¡aun cuando no se atrevan a formularla en alta voz! Podemos asegurarles que se engañan a sí mismos.

Porque es imposible no servir a un amo. Rehusarse a obedecer al Señor es caer en la esclavitud de los ídolos
(v. 28).

Al seguir adelante en su rebelión contra Jehová, ese pueblo malo, deliberadamente le volvió la espalda (v. 27). Con una incalificable ingratitud se olvidó de aquel que solamente le había hecho bien (v. 32). ¡Pobre pueblo! Dios procura abrirle los ojos. Le invita a volverse y a considerar las sinuosas huellas que dejó tras él (v. 23; véase cap. 14:10). Queridos amigos cristianos, a veces también es necesario hacer un balance y considerar nuestros caminos. ¡Cuántos pasos dados en falso, cuántos rodeos y callejones sin salida en los que nos hemos extraviado porque no quisimos seguir el camino recto y simple de la voluntad del Señor!