Jeremías
Jeremías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 50

Babilonia es culpable

Babilonia, cuna de la mundanería y de la corrupción, es la última de las naciones en oír el juicio de Jehová. Como Jeremías predicaba la sumisión a Nabucodonosor, se le había acusado de ser favorable a los caldeos y de traicionar a su propio pueblo. Pero esos dos largos capítulos de la profecía nos muestran lo que Dios le había enseñado respecto de Babilonia. Por otra parte, ya había declarado que, si bien Jehová se servía de ella para disciplinar a Judá, llegaría el momento en que, a su vez, la gran ciudad sería «visitada» en juicio y reducida “en desiertos para siempre” (cap. 25:12-14). Bel, Merodac (el dios Marduk) y todos sus otros ídolos iban a desaparecer vergonzosamente con aquellos que los servían, mientras que Israel y Judá no serían privados “de su Dios, Jehová de los ejércitos” (véase el cap. 51:5).

Esos juicios que iban a castigar a Babilonia contribuirán finalmente a abrir los ojos y el corazón de los cautivos del pueblo.

Los versículos 4 y 5 de este capítulo 50 nos muestran las lágrimas y la humillación que acompañarán su vuelta a Jehová, preludio de su completa y final liberación. El mundo actual está lleno de vanos ídolos, los que pronto pasarán con él. Nosotros, que somos instruidos por la Palabra de Dios, ¿podríamos apegarnos a ellos? (1 Juan 5:21).

"Antes del quebrantamiento es la soberbia"

Por cierto que el castigo de Israel por medio de los caldeos respondía a la voluntad de Dios. Pero el encarnizamiento y la crueldad con los cuales estos últimos iban a ejecutarlo justificarían la “venganza” de que luego sería objeto Babilonia. Además, al atacar a Israel, Babilonia combatiría contra Jehová (final del v. 24; véase Zacarías 2:8). En particular, la destrucción y saqueo del templo serían un personal insulto hacia Aquel que había puesto su gloria en él. Por esa razón el castigo de Babilonia es llamado “la venganza de Su templo (v. 28; cap. 51:11).

Notemos cómo esos sombríos capítulos al mismo tiempo están llenos de aliento para los fieles del pueblo de Dios. Jehová, su Redentor, es fuerte; abogará por la causa de Israel, su “rebaño descarriado”, para salvarlo de la boca de los leones que lo devoran (v. 17, 34). En aquel tiempo Su perdón habrá borrado todas sus faltas: “La maldad de Israel será buscada, y no aparecerá; y los pecados de Judá, y no se hallarán” (v. 20; comp. Números 23:21).