Capítulo 15
Celebrando la liberación
¿A qué corresponde ese paso del Mar Rojo en la historia de los redimidos del Señor? Siempre corresponde a la obra de Cristo y a nuestra liberación. Así como la Pascua presenta el lado de la liberación del juicio de Dios, y a Dios contra el pecado, el Mar Rojo ilustra la liberación del poder de Satanás, y a Dios a favor del pecador. La muerte es vencida; el pueblo de Dios, a partir de entonces, es desarraigado del “presente siglo malo”, es resucitado con Cristo, está del otro lado de la muerte. Cristo no solamente es aquel que libera, sino también el que comienza la alabanza en medio de la Asamblea (Salmo 22:22; Hebreos 2:12).
Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico…
Es el primero de la Escritura. El pueblo ¿cómo hubiera podido cantar bajo las cargas de los egipcios? (comparar con el Salmo 137:4). Pero ahora la felicidad llena el corazón de todos los redimidos. Conducidos por Cristo, verdadero Moisés, tienen el privilegio de alabar a Aquel que les ha liberado de las potentes olas de la muerte y del poder del adversario. A través de toda la historia de Israel –y para nosotros durante toda la eternidad– será celebrada la gloria de Aquel que secó el mar, las aguas profundas del gran abismo, y que convirtió en “camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos” (Isaías 51:10).
Mara – Elim
Hasta el versículo 16, el cántico de los hijos de Israel celebra lo que Jehová acaba de hacer por su pueblo. Los versículos 17 y 18 proclaman lo que hará. Los frutos de la victoria son vistos por fe: Dios se ha preparado: 1) una heredad; 2) una habitación; 3) un santuario; 4) un reino. En su primera epístola, Pedro nos muestra la nueva forma que toman esas bendiciones bajo la dispensación cristiana (leer 1 Pedro 1:4; 2:5, 9).
El pueblo, ya redimido, está en camino hacia la tierra prometida. Del mismo modo, nuestra carrera cristiana comienza con la conversión y su meta es la gloria. Pero, entre ambos extremos están las experiencias del desierto. La primera de esas grandes lecciones es Mara. Al igual que esas aguas amargas, el Señor permite que en nuestro camino encontremos circunstancias penosas y decepcionantes. Pero, desde el momento en que comprendemos que esas contrariedades son permitidas para nuestro bien, en cuanto nos apropiamos del poder de la cruz de Cristo, sin que esas circunstancias hayan cambiado, dejan de tener un gusto amargo, e incluso encontramos felicidad y consuelo (leer Romanos 5:3…; 2 Corintios 12:9). Entonces estamos en condiciones de apreciar lo que es Elim, ese lugar de refrigerio y reposo, imagen de la reunión de los creyentes en el lugar en que Dios da la bendición (Salmo 133:3).
