Éxodo
Éxodo

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 33

¿Por qué armar una tienda fuera del campamento?

Animado por una ira santa, Moisés destruye el becerro de oro y ordena el castigo. En seguida informa al pueblo que Jehová no subirá con ellos. Entonces hace algo inesperado: levanta para él una tienda fuera del campamento, lejos de este. ¿Ha dejado de amar al pueblo? No, por el contrario, acaba de dar la prueba más grande y conmovedora al pedir ser borrado del libro de Jehová en lugar del pueblo. Su motivo es muy diferente. A causa del pecado cometido, la nube no puede posarse más en el campamento. Por eso, para volver a encontrar esta preciosa columna, figura de Cristo, Moisés y otros con él dejan el campamento de Israel.

Hebreos 13:13, al aludir a este pasaje hace oír el llamado:

Salgamos, pues, a él (Cristo), fuera del campamento.
(Hebreos 13:13)

Para obedecer a esta prescripción, muchos rescatados se han separado de religiones formalistas y de iglesias organizadas en la cristiandad, y han buscado sencilla y únicamente la presencia del Señor Jesús (Mateo 18:20). ¡Veamos a Josué! Aunque todavía era joven, comprendía que su felicidad consistía en no abandonar la presencia de Dios. Imagen de una continua comunión, pero también del gozo que nos espera en el lugar donde el Señor ha prometido su presencia.

Llamado a la gracia

Fuera del campamento Moisés puede hablar cara a cara con Jehová (v. 11) ¿Cuál es el tema de conversación? Como siempre, el pobre pueblo. Moisés es figura de alguien más grande que él: el Hijo que hablaría a su Padre de aquellos que le serían dados de en medio del mundo (Juan 17:9).

“Te ruego que me muestres ahora tu camino”, pide el varón de Dios. Además, ruega que Dios vaya con ellos. Comparemos esas peticiones con la doble petición del salmista:

Hazme saber el camino por donde ande… Tu buen Espíritu me guíe a tierra de rectitud.
(Salmo 143:8, 10)

Sí, sube tú mismo con nosotros, reclama el fiel intercesor. No nos podemos privar de tu presencia. Y Dios se deja conmover. Como ya lo hemos observado, Él nunca considera que la fe sea demasiado atrevida. Regocijamos su corazón pidiéndole cosas difíciles. Se suele decir: una fe pequeña recibe una respuesta pequeña, pero una fe grande recibe una respuesta grande.

Al final, Moisés hace una tercera petición a Jehová, más audaz todavía: que le sea permitido ver Su gloria. Solo la verá “por detrás” (dicho de otra manera, en las huellas que Su amor ha dejado). Pensamos en la petición de Jesús a su Padre, a fin de que, ahí donde Él está, los suyos también estén, para que vean su gloria… (Juan 17:24). Tal es su más ansiado deseo. ¿Es también el nuestro?