Capítulo 18
Una visión profética
Volvemos a encontrar aquí a Jetro, suegro de Moisés. Personifica a las naciones de la tierra que, en un tiempo futuro, se regocijarán con el pueblo de Israel por la liberación de la cual este habrá sido objeto y darán gloria a Dios. Al mismo tiempo observamos que Séfora y sus hijos –que personifican a la Iglesia, como lo vimos en el capítulo 2– no participaron de las pruebas de Israel ni en su liberación. La Iglesia habrá sido alzada de la tierra cuando tengan lugar las tribulaciones y el restablecimiento del pueblo judío.
El nombre de Gersón nos recuerda que Cristo, como Moisés, fue extranjero en esta tierra y que la Iglesia también es extranjera en este mundo. Pero, en esta difícil posición, el socorro de Dios le está asegurado. Eso es lo que significa el nombre de Eliezer. En el versículo 8 Moisés da testimonio de todo lo que Dios ha hecho por los suyos. Es un bello ejemplo para nosotros ¿no le parece? No temamos contar a otros, empezando por los miembros de nuestra familia, cómo hemos sido rescatados. La consecuencia de ese testimonio aparece en el versículo 11: Jetro reconoce la grandeza de Jehová, le da gloria, ofrece sacrificios y al final come o, dicho de otra manera, experimenta la comunión, con el pueblo rescatado, en la presencia de Dios.
Un mal consejo
Jetro aconseja a Moisés para que delegue a otros una parte de su servicio. Este consejo tiene apariencia de sabiduría, pero ¡en realidad desconoce el poder del Espíritu de Dios! Es uno de los principios fundamentales de la institución de clérigos. Unos hombres son designados e investidos por otros, según una jerarquía, como intermediarios entre Dios y los simples «fieles». Pero la Palabra de Dios no reconoce para la Iglesia más que un solo Jefe (Efesios 4:5), plenamente suficiente para encargarse de todo lo que concierne a los suyos. Y Jesús no atiende solamente “asuntos graves”. Nada de lo que nos concierne es demasiado pequeño ni demasiado insignificante para Él. Jamás temamos dirigirnos directamente a Él (leer 1 Pedro 5:7).
Bajo su aspecto profético, este capítulo nos muestra que Jesús no estará solo para ejercer la administración del reino (Mateo 19:28). Cuando venga del cielo acompañado por la multitud de sus rescatados será establecido un orden con responsabilidades diferentes, para la plena gloria de Dios. Mientras el pueblo de Dios prosigue su camino por el desierto, Jetro vuelve a su país (v. 27). La vida de fe, la posición de extranjero y de peregrino no tienen atractivo para él. Desgraciadamente, ¡cuántos cristianos se le parecen!
