Éxodo
Éxodo

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 7

Anuncio de las plagas (juicios)

En el Salmo 90 (oración de Moisés, varón de Dios), Moisés menciona la edad de ochenta años como límite de vida para un hombre vigoroso. No obstante, a esta edad él mismo va a comenzar su ministerio (v. 7). Cuando Dios llama a un siervo, empieza por anular su fuerza natural; enseguida le da nuevas fuerzas, las que vienen de Él.

Jehová ha hecho conocer de antemano sus pensamientos a Moisés y Aarón. Lo que constituirá plagas para los egipcios (cap. 9:14) se llaman señales para el pueblo de Dios (v. 3) y tienen para él una enseñanza moral. Así instruye Dios a los cristianos a propósito del mundo, de Satanás y de sus pobres víctimas. Su Palabra hace conocer los “grandes juicios” que caerán sobre los hombres que no se arrepientan. También nos dice cómo hará salir a su pueblo rescatado fuera del mundo para introducirlo en la patria celestial (v. 4). Así, queridos amigos cristianos, advertidos acerca de todas esas cosas, ¡cómo no andar en santa y piadosa manera de vivir! (2 Pedro 3:11).

Las señales anunciadas en el capítulo 4 son hechas por Moisés y Aarón en presencia de Faraón y sus siervos. Al hablar ellas de victoria sobre Satanás (la serpiente) y el pecado (la lepra), podemos ver que son como un resumen del Evangelio.

El agua convertida en sangre

Si los egipcios no escuchan las dos primeras señales –había dicho Jehová a Moisés–, entonces habría una tercera muy solemne: la del agua convertida en sangre. El agua nos habla de lo que refresca y da la vida, mientras que la sangre derramada es la muerte. La Palabra ha sido dada al hombre para hacerlo vivir. Pero, si él no la recibe, si no la cree, la misma Palabra llegará a ser para él juicio y muerte (leer Juan 12:48). Hoy día ella proclama la gracia, pero también el juicio para aquellos que no la reciben. Cada uno tendrá que habérselas con ella de una u otra manera, ¡ahora para vida o más tarde para muerte!

Lo que Jehová ha dicho se cumple para los egipcios. El Nilo, arteria vital de su país, del cual habían hecho un dios, se convierte en un objeto de asco y aversión. La sangre llena el río, los arroyos, los estanques y hasta las vasijas. Todas las fuentes en las que el mundo bebe son pestilentes y mortales (v. 18). ¡Cuidémonos de beber de ellas! Esta vez todavía los hechiceros hicieron lo mismo por medio de sus encantamientos. Por el poder de Satanás imitan lo que produce la muerte, teniendo como único resultado el aumento de la miseria de su pueblo. Habrían manifestado más su poder cambiando la sangre en agua. Pero de eso eran incapaces.