Éxodo
Éxodo

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 14

Responder a las dificultades

Israel creía haber terminado con sus enemigos, los egipcios. Pero estos, llevados por una energía de error, se recuperan y empiezan la persecución contra el pueblo. Este último parece haber caído en una trampa. Delante está el Mar Rojo; detrás viene Faraón con sus carros y capitanes. ¡Qué terror, qué grito de desamparo! Pero el pueblo debe aprender que para Jehová no existe dificultad demasiado grande. Al contrario, cuanto más intensa es la dificultad, más ocasión tiene Dios de hacer admirar su poder.

¡Qué lección para nosotros también! Cuando se presenta un obstáculo, una prueba que parece no tener salida, ¿cómo reaccionamos? Frecuentemente con inquietud o agitación. Pero, ¿qué dice Moisés a Israel? Comienza por tranquilizarlos: “No temáis”, y seguidamente les anuncia la liberación:

Jehová peleará por vosotros…

Al final les da instrucciones fáciles de seguir –pero que a veces nos resultan muy difíciles–:

Estad firmes… vosotros estaréis tranquilos.
(v. 13-14)

Permanecer tranquilo significa no hacer nada y a la vez guardar su espíritu de toda agitación. Este combate no concernía al pueblo; era entre Jehová y los egipcios. Aquel que había puesto a su pueblo fuera de la acción del ángel destructor, ¿no sería capaz, con mayor razón, de liberarlo de la mano de los hombres?

Cruzando el mar Rojo

El pueblo ha comprobado que es incapaz de liberarse por sí mismo. Su posición es desesperada… Ahora Dios puede obrar. “Que marchen”, ordena a Moisés. ¡Cómo!, el mar está ante ellos ¿y Jehová les ordena avanzar? Pero la fe obedece y cuenta con Dios. El ángel de Dios viene con la columna de nube y se pone entre el campamento de Israel y el de los egipcios. Entonces, ¿qué puede temer el pueblo? Recordemos que Dios siempre quiere ponerse como una pantalla entre nosotros y nuestras dificultades. De día y de noche sus cuidados se ejercen apartando peligros que, frecuentemente, incluso no conocemos.

¡Eso es la liberación! Encontramos las fases de ella en tres versículos del Salmo 136:

Dividió el Mar Rojo en partes, porque para siempre es su misericordia;

Hizo pasar a Israel por en medio de él, porque para siempre es su misericordia;

Y arrojó a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo, porque para siempre es su misericordia.
(Salmo 136:13-15)

La muerte no solamente carece de poder sobre los creyentes, sino que, además, se ha hecho su aliada, su arma y su fortaleza. Por su muerte, Cristo hizo impotente “al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” y liberó “a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).