Capítulo 38
El trabajo de Bezaleel en el atrio
El altar de bronce nos recuerda que Dios respondió por medio de la cruz a nuestro estado de pecado. Muchos creyentes a menudo suelen verse turbados a causa de los pecados cometidos después de su conversión. ¿Pueden estos hacerles perder su salvación? No, ¡bendito sea Dios! Como Jesús lo dice a Pedro: “El que está lavado” –es lo que tuvo lugar una vez para siempre a favor del creyente (ver cap. 29:4)– “no necesita sino lavarse los pies” (Juan 13:10). Ese lavado de los pies después de la marcha, y el lavado de las manos para el servicio se hacían en la fuente de bronce. Fue hecha del mismo material que el altar para enseñarnos que los pecados cometidos después de nuestra conversión le costaron tan caro, a Aquel que los expió, como nuestros pecados precedentes. Pero podemos y debemos confesarlos a Dios, quien es fiel y justo para perdonarlos a causa de la obra de Jesús (1 Juan 1:9).
Del versículo 9 hasta el 20 se refiere a la instalación y al arreglo del atrio. Hacemos notar la dimensión de la puerta (v. 18): veinte codos, es decir, casi diez metros. Esta puerta es imagen de la de la gracia, abierta de par en par a los pobres pecadores, como así también del fácil acceso que el Evangelio ofrece a todos para acercarse a la cruz (el altar de bronce). Todos nuestros lectores ¿han pasado por esta puerta?
Un inventario exacto
Dios hace consignar, por medio de los levitas, el inventario exacto de todo lo que se ha hecho y dado para su casa. No olvida nada; recuerda hasta la menor estaca y el corchete más pequeño, sabiendo lo que le ha costado a cada uno el material que ha traído. El Señor Jesús, sentado frente al tesoro del templo, miraba cómo la multitud echaba sus ofrendas en el arca, y apreció mucho las dos blancas de una viuda pobre, pues esta moneda significaba para ella un completo renunciamiento: era “todo su sustento” (Marcos 12:41-44).
La fuente de bronce mencionada anteriormente tiene el mismo lenguaje. Ella había sido hecha con los espejos de las mujeres que habían salido tras Moisés para velar a la puerta del tabernáculo de reunión (v. 8). En la presencia de Dios y a causa del interés que sentían por Su casa, su corazón les había llevado a renunciar a ocuparse de ellas mismas, tal como lo sugieren los espejos (Mateo 16:24-25). Eso Dios también lo aprecia y lo menciona en su Palabra. La plata de los empadronados ha servido para fundir las basas de plata de las tablas y los capiteles. Todo reposa sobre la gloriosa redención de la cual la plata es figura (ver Números 3:48); sobre ella también se apoya individualmente cada rescatado por medio de la fe para mantenerse en pie.
