Capítulo 21
Entrada triunfal en Jerusalén – Jesús en el templo
El paso por Jericó y la entrada en Jerusalén marcan, en cada uno de los tres primeros evangelios, el principio de la última parte del peregrinaje de nuestro Salvador aquí en la tierra. El cumplimiento de la profecía de Zacarías (cap. 9:9) era para Israel la prueba de que verdaderamente su Mesías venía a visitarlo. Era imposible confundirlo con otro: “Justo y Salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno…”. Se esperaba más bien a un rey altanero y soberbio entrando en la capital sobre un caballo de guerra, a la cabeza de sus ejércitos. Pero un rey humilde y manso, aquí está un concepto ajeno a los pensamientos de los hombres.
Mas estos caracteres de gracia y bondad no impiden al Señor obrar con la máxima severidad cuando ve pisoteados los derechos de Dios, como en el caso de los vendedores en el templo (v. 12). Asimismo tienen que obrar sus discípulos. La dulzura que debe caracterizarlos no excluye la más grande firmeza (1 Corintios 15:58). La presencia de Jesús en el templo produjo varios efectos: en primer lugar, una inmediata purificación; pero al mismo tiempo la curación en gracia de los enfermos que venían a Él; luego la alabanza de los niños; por último, también hubo la indignación y la oposición por parte de los enemigos de la verdad.
La higuera seca – La autoridad del Señor puesta en duda
En el camino a Jerusalén Jesús obró un milagro que excepcionalmente no era un milagro de amor, sino una señal de advertencia acerca del juicio que caería sobre el pueblo. Consideremos esta higuera. ¡Nada más que hojas, una hermosa apariencia de piedad pero sin ningún fruto! Ese era el estado de Israel… y el de muchos que se dicen ser cristianos.
Ese milagro dio a Jesús la oportunidad de recordar a sus discípulos el poder de la oración de fe. Luego el Señor entró nuevamente en el templo donde los principales sacerdotes y ancianos del pueblo vinieron a discutir su autoridad. Por su pregunta el Señor les hizo entender que no podían reconocer esta autoridad si no habían reconocido primero la autoridad de Juan el Bautista. Como el segundo hijo de la parábola (v. 28-30), los jefes del pueblo hacían ostensiblemente profesión de cumplir la voluntad de Dios. Pero en realidad esta era letra muerta para ellos (Tito 1:16). Otros, al contrario, en otro tiempo rebeldes, notorios pecadores, se habían arrepentido al escuchar la predicación de Juan y habían hecho la voluntad de Dios. Hijos de padres creyentes, corremos el riesgo de ser precedidos en el cielo por personas hacia las cuales tal vez ahora experimentamos menosprecio o condescendencia (véase 20:16). ¡Pensemos en nuestra responsabilidad!
Parábola de los labradores y de la viña
La parábola de los labradores malvados ilustra el terrible estado del pueblo y de sus malos conductores. Dios esperaba fruto de su viña, Israel. “La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres” (Isaías 5:2). Pero los judíos (y los seres humanos en general) no solo demostraron su incapacidad para producir fruto, sino un espíritu de odio contra el legítimo Dueño de todas las cosas. Además desconocieron a sus siervos, los profetas. Aquí se preparaban para expulsar, ¡y de qué manera!, al Heredero mismo, a fin de quedarse como únicos dueños de la heredad, es decir, del mundo (1 Tesalonicences 2:15). El Señor llevó a los sacerdotes y a los fariseos a pronunciar su propia condenación. Cuando les preguntó «el Señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?» contestaron: “A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros” (v. 40-41).
Luego Jesús les enseñó que Él mismo es la “piedra… cabeza del ángulo” que Dios había puesto en Israel. Los edificadores (los jefes del pueblo) la desecharon (Salmo 118:22-23), pero Él ha llegado a ser “la principal piedra del ángulo, escogida y preciosa”, de una “casa espiritual”: la Iglesia, y “piedra de tropiezo, y roca que hace caer” para los desobedientes (1 Pedro 2:4-8).
