Mateo
Mateo

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 22

Toda clase de convidados

La parábola de las bodas del hijo del rey complementa la de los labradores malvados. Muestra lo que pasaría después del rechazo del Heredero. Los judíos, primeros en ser convidados, desecharían la gracia anunciada por los apóstoles (los siervos del v. 3). Entonces estos se volverían hacia las naciones (Hechos 13:46). Dios invita a los hombres: usted también tiene en sus manos Su carta de invitación. Por desgracia, el menosprecio y la oposición son las dos respuestas que Él recibe generalmente (Hebreos 2:3). No basta con ser invitado, es necesario aceptar y venir en la forma ordenada por Dios, es decir, con el vestido de justicia suministrado por el Rey mismo (Filipenses 3:9). El hombre del versículo 11 había pensado que sus propios vestidos servirían. Él representa a todos los que piensan que podrán ser recibidos en el cielo con su propia justicia, a los que se congregan y profesan ser cristianos pero nunca han recibido a Jesús como su Salvador personal (cap. 5:20; Romanos 10:3-4). ¡Qué confusión les espera y cuán terrible será su final!

Sordos a estas enseñanzas, los fariseos y los herodianos le hicieron una pregunta muy estudiada para “sorprenderle”: “¿Es lícito dar tributo a César, o no?”. Pero Jesús, discerniendo la trampa envuelta en lisonjas, les dio una inesperada contestación: “Dad, pues, a César lo que es de César”, devolviendo así la flecha a los que la habían lanzado.

La gente religiosa tiene que callar

Otros contradictores, los saduceos, vinieron al Señor con una pregunta ociosa. Con su cuento imaginario, pensaban probar lo absurdo –según ellos– de la doctrina de la resurrección. Antes de demostrarles la verdad de la resurrección por medio de las Escrituras, Jesús se dirigió a la conciencia de estos hombres y les mostró que ellos discutían sobre la base incierta (y siempre equivocada) de sus propios pensamientos, sin conocer la Palabra. Es lo que aún hoy hace un buen número de personas, en particular las que pertenecen a sectas de error y perdición. No sigamos nunca a esa gente en sus razonamientos peligrosos.

Derrotados en cuanto al conocimiento de la Escritura, los enemigos de la verdad se unieron nuevamente para atacar (v. 34-40), y recibieron como respuesta un maravilloso resumen de la ley que los condenaba sin apelación. Entonces, a su vez, Jesús hizo una pregunta a sus interlocutores que les cerró la boca. Rechazado, Aquel que es a la vez el Hijo y el Señor de David, iba a ocupar una posición gloriosa. Y los que contra viento y marea querían seguir siendo sus enemigos, hallarían también el lugar que les estaba reservado… por estrado de sus pies (v. 44).

Es impresionante ver a personas, tan empeñadas en seguir su propio camino, que se niegan a aceptar las más claras enseñanzas bíblicas (2 Timoteo 3:8).