Capítulo 4
La perfección de Jesucristo se manifiesta
Investido con el poder del Espíritu Santo, Jesús estaba preparado para cumplir su ministerio. Pero, como todo siervo de Dios, era necesario que primeramente fuera puesto a prueba. Para ello tuvo que enfrentarse con su enemigo. A fin de desviar del camino de la obediencia a un hombre de Dios, Satanás utiliza principalmente dos tácticas: presenta las cosas temibles del camino (Cristo lo viviría muy especialmente en Getsemaní), o, al contrario, ofrece objetos deseables al lado del camino. Fue lo que el diablo hizo en este caso. Hasta supo disfrazar su tentación bajo una apariencia de piedad: la acompañó con un versículo de la Palabra de Dios. Pero al citar el Salmo 91, versículos 11 y 12, se cuidó bien de no agregar el versículo siguiente que hace alusión a su propia derrota: “Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón”. El áspid es la serpiente a la cual le fue anunciado que Cristo, la “simiente” de la mujer, le heriría en la cabeza (Génesis 3:15). Mientras que en el Edén el primer Adán sufrió una triple derrota a causa de “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2:16), en el desierto el Hombre perfecto triunfó sobre la serpiente antigua por la soberana Palabra de Dios (Salmo 17:4). Y porque “el mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:18).
La luz resplandece en Galilea – Llamamiento de los discípulos
En el versículo 16 la cita de Isaías 9:1-2 sufre un ligero cambio. En los tiempos de este profeta, el pueblo todavía “andaba” en las tinieblas. Ahora ya está “asentado”, ha tomado lugar lejos de la luz de Dios, ha perdido el ánimo y toda esperanza. Es precisamente el momento en que Dios puede intervenir. Aquel que es “la luz” aparece trayendo la liberación. A su llamado, atraídos por su amor, algunos discípulos se unieron a Él y lo siguieron. Dos aquí, dos allá, Simón y Andrés, Jacobo y Juan. Para esos hombres era el momento decisivo, el que súbitamente cambiaba sus vidas y del cual no se olvidarían jamás (cap. 19:27). Sí, al instante dejaron a su padre, la barca y las redes, para hallar un Maestro como nunca hubo otro igual y la promesa de una nueva tarea: serían pescadores de hombres. Llegado el momento, Jesús haría de ellos evangelistas y apóstoles.
No todos los cristianos están llamados a abandonar su trabajo o a renunciar a los lazos familiares, pero todos han oído alguna vez la voz conocida que les dice: “Sígueme”. ¿Ha respondido usted a esta voz?
Los versículos 23 y 24 resumen admirablemente toda la actividad de amor del Señor Jesús.
Seguid al Maestro por todo lugar,
En días de lucha o días de paz.
