Mateo
Mateo

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 14

La muerte de Juan anuncia el rechazo al Señor

El capítulo 11 nos muestra a Juan el Bautista en la prisión. Aquí vemos que fue echado allí por orden de Herodes el tetrarca, hijo del rey Herodes que hallamos en el capítulo 2. ¿Y por qué motivo? Porque Juan no había tenido miedo de reprenderlo por haber tomado la mujer de su hermano. Ahora el fiel testigo pagaba con su vida la verdad que tuvo la valentía de decir al rey. Su muerte formó parte de las diversiones y festejos de la corte real; fue el terrible salario del placer con el que se gozó el malvado monarca (comp. Santiago 5:5-6). Herodes, aunque estuviese afligido en ese momento, en realidad acariciaba desde hacía mucho tiempo el secreto deseo de matar a Juan (v. 5). Porque al odiar la verdad, también odiaba a quien la anunciaba (Gálatas 4:16). Humanamente hablando, este final de Juan era trágico y horrible. ¿Quién de nosotros quisiera semejante destino con tal desenlace? Pero a los ojos de Dios, ese fue el glorioso fin de “su carrera” (Hechos 13:25).

Uno puede imaginarse lo que fue para Jesús la noticia de la muerte de su predecesor. Era ya como el anuncio de su propio rechazo y de su cruz. Parece que su tristeza le hizo sentir la necesidad de estar solo (v. 13). Pero la multitud lo alcanzó, y su corazón, pensando siempre en los demás, se compadeció de la gente y cumplió en su favor el gran milagro de la primera multiplicación de los panes.

Jesús anda sobre el mar

La escena de la barca en medio de la tempestad es una imagen de la posición actual de los redimidos del Señor. Mientras Él está en los cielos, orando e intercediendo por los suyos, ellos atraviesan a duras penas el mar agitado de este mundo. Es la noche moral: el enemigo, fomentando la oposición de los hombres, actúa como el viento y las olas que prácticamente anulaban los esfuerzos de los remeros. Pero Jesús vino al encuentro de los suyos.

Su voz familiar tranquilizó a los pobres discípulos: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Y la fe, apoyándose en su palabra (¡ven!), llevó a Pedro hacia aquel que amaba. Mas, de un momento a otro, esta fe flaqueó y Pedro comenzó a hundirse. ¿Qué sucedió? Dejó de mirar al Maestro para fijarse en la altura de las olas y en la violencia del temporal. ¡Como si fuese más difícil caminar con Dios sobre un mar tormentoso que sobre aguas tranquilas! Pero clamó al Señor quien al momento vino a socorrerlo.

Luego Jesús fue recibido en la comarca de Genesaret, donde anteriormente solo había podido hacer pocos milagros, por motivo de la incredulidad de los habitantes (cap. 13:58). Esta acogida es una figura del momento en el cual su pueblo, que lo rechazó, lo reconocerá, le rendirá homenaje y será liberado por Él.