Mateo
Mateo

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 10

Llamamiento y misión de los doce apóstoles

Los doce discípulos han pasado a ser apóstoles. Al citarlos, Mateo el publicano recuerda su origen (véase cap. 21:31). Después de haber sido instruidos por las palabras y el ejemplo del divino Maestro, son enviados (ese es el sentido de la palabra apóstol) como obreros a la mies. Un niño no seguirá siendo niño y yendo a la escuela toda la vida, es evidente, pero en cierto sentido el creyente siempre está en la escuela de Dios. Pero tarde o temprano tendremos que haber aprendido lo esencial de nuestras lecciones, en particular la de nuestra incapacidad. Solo entonces el Señor podrá utilizarnos.

Notemos algunos puntos importantes: es el Señor quien llama, califica, envía, dirige, sostiene, alienta y recompensa a sus siervos. Ellos no van por su propia voluntad ni mandados por los hombres. No esperan de estos ningún salario, sino que dan gratuitamente lo que han recibido por gracia. ¡Cómo esas simples verdades han sido perdidas de vista en la cristiandad! Bajo la forma de comités, jerarquías y diversas organizaciones, personas a menudo bien intencionadas se han interpuesto entre el Señor y sus obreros para el más grave perjuicio de estos últimos, y sobre todo, del trabajo que les había sido confiado.

Actitud en tiempos de persecución

“El discípulo no es más que su maestro” (v. 24): no puede pretender ser tratado mejor que Él. Que sea cristiano o judío del tiempo de la tribulación venidera, el verdadero discípulo tendrá que contar con una oposición semejante a la que Jesús encontró por parte de un mundo injusto y cruel. Pero será la oportunidad de gustar todos los recursos de la gracia, esa gracia maravillosa que conoce y cuida al rescatado (v. 30; véase 2 Corintios 12:9-10).

Al creyente fiel no solo lo alcanza el odio del mundo, sino también frecuentemente la hostilidad de su propia familia (v. 36). ¡Pero no se desanime! El Señor lo ha anunciado de antemano y tiene recursos para ello.

Tomar su cruz es llevar la señal de los condenados a muerte. Dicho de otro modo, es demostrar que se han abandonado los placeres mundanos, que se ha dejado de lado la propia voluntad. Desde el punto de vista humano, esto significa perder su vida. Mas desde el punto de vista divino, el Maestro declara que es la única manera de ganarla. Pero tiene que ser por un motivo esencial: por amor a Él (2 Corintios 5:14-15).