Capítulo 7
Comportamiento hacia los demás – Una elección solemne
Los versículos 1 a 6 y el maravilloso versículo 12 nos muestran las normas que deben regular todas nuestras relaciones con los hombres, con nuestros hermanos. Para tratar de solucionar ese problema, grandes pensadores de todas las civilizaciones han llenado inmensas bibliotecas con sus doctrinas sociales, políticas, morales o religiosas. Al Señor le basta un pequeño versículo para expresar su solución divinamente sabia, perfecta y definitiva. “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (comp. con Romanos 13:10). Esta regla de oro tenemos la oportunidad de ponerla en práctica cada día. Aprendamos, pues, a colocarnos siempre en el lugar de los que nos rodean.
Los versículos 13 y 14 nos recuerdan que si hay dos señores, también hay dos puertas, dos caminos. La mayor parte de los hombres sigue el camino ancho, y eso a pesar del letrero estremecedor: “Lleva a la perdición” (v. 13). En cambio, pocos son los que hallan la vida, porque pocos son los que buscan el camino que conduce a ella. “Estrecha es la puerta”. Se pasa por ella solo después de haber abandonado el equipaje de la propia justicia y del peso que tan a menudo carga nuestra vida. Amigo, ¿por cuál camino anda?
Confesión sin valor – Las dos casas
Puesto que los buenos árboles se reconocen por sus buenos frutos, ¿no serán excelentes las personas del versículo 22? Se presentan con las manos llenas de obras aparentemente meritorias: profecías, milagros, demonios expulsados… pronuncian el nombre del Señor a cada instante. “Nunca os conocí”, les contestará solemnemente el Señor Jesús. Sus frutos no son los de la obediencia a Dios.
Todas esas enseñanzas no son difíciles de entender. De hecho, lo que nos falta no es comprenderlas, sino ponerlas en práctica. Por eso, al acabar sus discursos, con una corta parábola el Señor muestra la diferencia entre poner en práctica y escuchar solamente. He aquí dos casas parecidas a primera vista; ahora veamos el fundamento. Una casa es edificada sobre la roca de la fe en Jesucristo (1 Corintios 3:11); su constructor “cavó y ahondó” (Lucas 6:48). La otra casa únicamente descansa en la arena movediza e incierta de los sentimientos humanos. Hasta el día de la prueba –la prueba necesaria– podríamos confundirlas. Pero… observemos lo que le sucedió a la segunda casa. Prudente e insensato, tales son los respectivos calificativos que reciben los dos constructores. ¿A cuál de estos dos tipos de constructores pertenece usted?
