Capítulo 17
La transfiguración
El capítulo 16 termina con el pensamiento acerca de los sufrimientos y de la muerte de Jesús. Este comienza hablando sobre su aparición en gloria, que responde a la promesa hecha a los discípulos: “Hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino” (cap. 16:28). Después del menosprecio del cual su Hijo había sido objeto por parte de su pueblo Israel, y de las distintas formas de incredulidad que había encontrado, Dios deseaba dar a testigos escogidos de entre los hombres una primera impresión de lo que sería su majestad real. ¡Qué escena! Sin embargo, los tres discípulos fueron incapaces de soportarla. El temor se apoderó de ellos, después del sueño(Lucas 9:32). Finalmente fue necesario que Dios hablara para impedir que su Amado fuera confundido con los dos compañeros de su gloria. Más tarde solamente, después de la resurrección, los discípulos comprendieron el alcance de esta magnífica visión, y entonces fueron autorizados para contarla. Es lo que Pedro hizo en su segunda epístola (cap. 1:17-18). Pero mientras Moisés y Elías volvieron a su descanso, el Hijo de Dios se volvió a revestir con su humilde “forma de siervo” que había dejado solo por un momento, y bajando de la montaña, emprendió nuevamente el camino solitario de la cruz.
Descender del monte – El impuesto del templo
La adoración del cristiano tiene por efecto transportarlo en espíritu al “monte” junto al Señor glorificado. ¡Quiera Dios que podamos conocer más a menudo tales momentos! Pero también es necesario saber descender nuevamente con Él en medio de las circunstancias de la vida, en este mundo en el cual reina Satanás. Esta es la experiencia que hacen los discípulos en esta ocasión. La curación del niño lunático fue la oportunidad para que Jesús subrayara el poder de la fe.
La escena de los versículos 24 a 27 es instructiva y conmovedora a la vez. Pedro, acostumbrado a obrar sin reflexionar y olvidándose de la visión de la gloria y de la voz del Padre, se comprometió a pagar el impuesto del templo en nombre del Maestro. Jesús le preguntó con dulzura si alguna vez había visto que el hijo de un rey pagara impuestos a su propio padre. ¡Y eso que Simón lo había reconocido poco antes como el Hijo del Dios viviente! Después de esta aclaración, el Señor le ordenó que pagase la suma, a pesar de que Él estaba exento. Pero al mismo tiempo manifestó su poder: el Señor domina sobre toda la creación, incluso sobre los peces (Salmo 8:6-8). También manifestó su amor asociándose a su débil discípulo al pagar igualmente por Él.
