Mateo
Mateo

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 24

Visión general de los acontecimientos futuros

Los discípulos trataban de que el Señor estuviese tan orgulloso como ellos de ese templo que parecía desafiar el tiempo… pero que pronto iba a ser destruido. Entonces, tomándolos aparte, Jesús les expuso la sucesión de los acontecimientos proféticos (cap. 24-25). Sin embargo, antes de contestar una por una a sus tres preguntas (¿Cuándo ocurrirán esos acontecimientos?: v. 15-28; ¿cuál será la señal de su venida?: v. 29-31; ¿cuál será el signo del fin del siglo? v. 32-51), el Señor empezó a hablarles a sus conciencias (v. 4). Una verdad siempre debe tener un efecto moral: por ejemplo, el de aumentar el temor de Dios o el amor por el Señor. De otra manera, solo la curiosidad es alimentada y el alma se endurece. Aquí los discípulos debían tener cuidado para no dejarse engañar. Todavía eran “hijitos” en la fe; conocían al Padre que Jesús les había revelado (cap. 11:27) pero no estaban armados contra los que el apóstol Juan (1 Juan 2:18) llama “muchos anticristos”, dicho de otro modo, los portadores de diversos errores. Por eso necesitaban estar advertidos (2 Pedro 3:17). Satanás siempre trata de seducir por medio de imitaciones (2 Tesalonicenses 2:9-10).

¡Hijos de Dios, no nos dejemos turbar por todo lo que nos digan! Y, sobre todo, vigilemos para que nuestro amor hacia Dios y nuestros hermanos no se enfríe (v. 12).

Gran tribulación y aparición del Hijo del Hombre

Los acontecimientos anunciados en estos versículos conciernen a Israel y solo se producirán después del arrebatamiento de la Iglesia. Pero para mostrar que ellos son las consecuencias de su rechazo en los capítulos precedentes, el Señor se dirigió a sus discípulos como si su generación debiera atravesar este terrible período. En realidad, cuando el anticristo seduzca a las naciones, profane el templo (v. 15) y persiga a los fieles, los cristianos de la actual dispensación ya no estarán en la tierra. Así pues, todas las advertencias y estímulos dados aquí no nos conciernen directamente. Pero Jesús mismo tiene gran interés por las cosas que antecederán a su venida en gloria (v. 30). Piensa con profunda simpatía en los fieles que sufrirán en aquel entonces. Supone también que aquellos a quienes llama sus amigos comparten este interés, esta simpatía (Juan 15:15). Hablarnos anticipadamente de esto (v. 25) constituye una gran muestra de confianza y amor de su parte (comp. Génesis 18:17). ¿No es esa una razón suficiente para tratar de comprender estos temas de la profecía? Y además, es una fuente de exhortaciones provechosas en todos los tiempos y para todos los testigos del Señor. Exhortaciones como por ejemplo: perseverar (v. 13), orar (v. 20) y velar (v. 42).

Vigilancia – Fidelidad en el servicio

El Señor interrumpe su exposición profética para exhortar a los suyos a la vigilancia y al servicio. El juicio va a caer repentinamente sobre el mundo. Herirá a los incrédulos y a los burladores. Alcanzará igualmente a los indiferentes, a los indecisos y a los hijos de los creyentes que no se hayan arrepentido. ¿Tal vez sea ese su caso?

Por tanto, también vosotros estad preparados,

dice el Señor Jesús a cada uno (v. 44). Y para estar preparado hay que aceptar su salvación. En el versículo 45 un hermoso servicio es presentado a los creyentes: distribuir a su alrededor el alimento de la Palabra (Hechos 20:28; 1 Timoteo 1:12). Para ello es necesario llenar dos condiciones: fidelidad, para conocer esta Palabra y no apartarse de ella, y prudencia, para adaptarla a las necesidades y a las circunstancias de los demás. Pero en la gran cristiandad profesante también se encuentran los siervos malos. Han sido crueles y dominantes con las almas, se han embriagado con los placeres en el mundo (1 Tesalonicenses 5:7) porque en el fondo de sí mismos no creen en el regreso del Señor. Pero el siervo de Cristo solo puede ser fiel y prudente guardando un precioso secreto: cada día espera al Señor. “Mi alma espera al Señor, más que los centinelas a la mañana” (Salmo 130:6).