Salmos
Salmos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 147

La insondable actividad de Dios

Cada uno de los Salmos 146 a 150 tiene como encabezamiento y conclusión Alabad a Jah”, dicho de otro modo: “Aleluya”. Ese grito de alegría llenará la tierra cuando Israel sea recogido y Jerusalén vuelva a ser edificada (v. 2).

¿En quién se complace Jehová? En los que le temen y esperan humildemente en su misericordia. En cambio, no se complace en la fuerza de la que el hombre se gloría (v. 10-11; Apocalipsis 3:8). Aun en nuestro siglo, caracterizado por la velocidad, ni “la agilidad del hombre” (v. 10), ni sus últimos descubrimientos técnicos son necesarios para que la Palabra del Señor corra velozmente (v. 15; 2 Tesalonicenses 3:1). Si cada creyente rindiera fielmente su testimonio allí donde está colocado, el Evangelio se difundiría rápidamente por su propio poder (Salmo 68:11).

La insondable actividad de Dios abarca dominios tan diferentes como el de sanar a los quebrantados de corazón… (v. 3) y enumerar las estrellas (v. 4). Hace alternar las estaciones para el bien de su criatura. “Él prepara la lluvia para la tierra” (v. 8; Deuteronomio 28:12), “da la nieve” (v. 16) y sopla “su viento” (v. 18). ¿Pensamos en ello cuando nos quejamos del tiempo que hace? Sí, “grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito” (v. 5).