Salmos
Salmos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 118

La piedra angular

Este salmo ocupa un lugar importante en las profecías concernientes al Señor. El versículo 22, que es citado en los evangelios, como también en 1 Pedro 2:7, anuncia a la vez el rechazo de Jesús y el lugar que le corresponderá. Quiera Dios que sus designios, concretados en Cristo, sean siempre “cosa maravillosa a nuestros ojos” (v. 23). Los versículos 25 y 26 nos recuerdan la entrada del Mesías a Jerusalén y las aclamaciones de la muchedumbre: “¡Salva, te ruego! (Hosanna en hebreo) ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Mateo 21:9). A pesar suyo, el pueblo judío le invocó y adoró en aquel día como lo anunciaban las Escrituras. Y ellas deberían hoy abrir los ojos a este pueblo. No obstante, está cercano el momento en que ese pasaje tendrá su verdadero cumplimiento. El Mesías, triunfante entonces, será recibido y saludado por el remanente fiel.

Para los judíos, este salmo formaba parte del ritual de la Pascua. ¿Tal vez haya sido el himno cantado por el Señor con sus discípulos después de la cena? (Marcos 14:26). Si hubiese sido así ¡con qué sentimientos debe de haber pronunciado en tal momento los versículos 6, 21-22 y el final del 27: “Atad víctimas… a los cuernos del altar”!

El salmo termina como había empezado: celebrando la inmutable misericordia de Jehová (v. 1, 29)