Salmos
Salmos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 105

Una historia memorable

Los versículos 1 a 15 de este salmo forman parte (con el Salmo 96) del que se ha llamado el primero entregado por el rey David a Asaf después del regreso “del arca del pacto de Dios” (1 Crónicas 16:6-22). Hay solo una diferencia muy notable. En la versión Moderna y otras el versículo 15 del capítulo 16 de 1 Crónicas habla de exhortación: Acordaos para siempre de su pacto”. En cambio, nuestro versículo 8 declara: Se acordó (Dios)…”. Si bien el pueblo falló y olvidó el pacto con su Dios, Él se acordó de sus promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob (2 Timoteo 2:13). Era todo lo que poseían esos hombres de fe. A los ojos de sus contemporáneos tenían poca importancia; “eran pocos en número, y forasteros” como lo somos hoy los cristianos. Pero Dios velaba sobre ellos como vela ahora sobre nosotros (v. 14-15; por ejemplo: Génesis 31:24).

Luego “envió un varón”, el que, en figura, cumplió Sus propósitos: José, preciosa figura del Señor Jesús. Siervo primeramente, preso luego, fue liberado por “el Señor de los pueblos”, quien lo puso “por Señor de su casa, y por gobernador de todas sus posesiones” (v. 17-21). Cristo, quien murió y luego resucitó por el poder de Dios, será restablecido como Señor de toda la tierra y en él todas las promesas de Dios se realizarán (Hechos 2:36).

Retrospectiva: fidelidad de Dios

El poder de Jehová se despliega a todo lo largo del libro del Éxodo. Se hallan en él primeramente sus milagros en juicio contra los egipcios (v. 27-36), luego sus milagros en gracia a favor de Israel (v. 37-41). Sin embargo, las terribles plagas que azotaron a Egipto no solo estaban destinadas a espantar y castigar a Faraón. Ante todo, Dios quería revelarse a su propio pueblo mediante señales y prodigios (v. 27; Éxodo 14:31).

“Habló”, nos dicen los versículos 31 y 34, y la cosa ocurrió. Como en el día de la creación, le bastó a Dios una palabra para suscitar los innumerables pequeños agentes de su ira: moscas venenosas, mosquitos, langostas (comp. Hebreos 11:3). Y qué humillación para el hombre constituye ser vencido… por viles insectos.

Israel sale de Egipto después de la Pascua, cambiando su miseria por grandes riquezas (v. 37). Gimió bajo la opresión; Dios lo hace salir con gozo y cántico de triunfo (v. 43). Israel, que trabajó tan duramente, va a poseer “las labores de los pueblos” (v. 44). Y toda esa obra redentora resulta del compromiso que Jehová había contraído con Abraham (v. 42; Génesis 15:13-14). Nada puede impedir al Dios fiel que cumpla con su santa palabra (v. 42; Lucas 1:72-73).