Salmos
Salmos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 35

Dios es grande y nos defenderá eficazmente

El Ángel de Jehová, que “acampa alrededor de los que le temen, y los defiende (Salmo 34:7), está llamado aquí a acosar y perseguir a los enemigos del justo (v. 5-6). «Después de un tiempo de paciencia y de gracia infatigable, de una gracia que permaneció sin resultado, en lugar de vengarse por sí mismo, el residuo se confiará en Dios para obtener su liberación» (J. N. Darby). La liberación del creyente judío infaliblemente estará acompañada del juijcio de los malos. En cambio, en lo que concierne a los cristianos, su liberación no se efectuará por medio de la destrucción de los injustos, sino por su arrebatamiento para ir al encuentro del Señor. Creyentes e inconversos no permanecerán siempre juntos. Cuando el Señor venga en las nubes, los primeros serán arrebatados de la tierra y los demás quedarán para la terrible “hora de la prueba” (Apocalipsis 3:10). En cambio, el día en que el Hijo del Hombre se manifieste y aparezca en gloria, los creyentes de ese tiempo serán dejados para el reino de Cristo y los malos serán quitados (Lucas 17:34-36).

¡Qué ingratitud la del hombre natural! David habla de ella por experiencia, ya que la comprobó tan a menudo (v. 12-15). Pero Cristo conoció y experimentó esa ingratitud mucho más profundamente: “Me devuelven mal por bien y odio por amor” (v. 12; Salmo 109:5).

El odio alcanza su punto máximo

En lo que nos concierne tal vez no tenemos que enfrentar, como el fiel de este salmo, la maldad de los hombres. Pero, sin hablar de las tribulaciones futuras de Israel, no olvidemos que las persecuciones han sido la parte de muchos cristianos y lo son aun hoy. Podemos estar muy agradecidos si la libertad de conciencia y de reunión sigue siéndonos otorgada en nuestros países. Alabar al Señor entre el pueblo de sus redimidos es el justo deseo del creyente (v. 18). ¿Apreciamos este privilegio los que lo poseemos aún?

En el evangelio de Juan (cap. 15:25) Jesús se refiere a ese odio “sin causa” del que fue objeto (v.19). Sin causa ¡por cierto!… y, sin embargo, el odio del mundo hacia Cristo y los suyos no debe extrañarnos (1 Juan 3:13). Es el que Satanás inspira a los hombres contra Aquel que lo venció. ¿Pueden imaginarse sentimientos más viles que los de los versículos 21, 25 y 26? Pocas expresiones ponen tan al desnudo, en todo su horror, las profundidades de la maldad del corazón humano: el perverso gozo de ver sufrir a un inocente, quien era el Hijo de Dios que había venido al mundo para salvar a los hombres. “Ea, ea, nuestros ojos lo han visto” – gritan los burlones (v. 21). “Todo ojo lo verá, y los que le traspasaron” anuncia Apocalipsis 1:7. Ya no más en la cruz, sino en toda su gloria judicial.