Salmos
Salmos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 126

Sembrar y segar – Edificar y guardar

Como alguien que se despierta de una horrible pesadilla, los fieles, en un primer momento, serán incapaces de comprender su súbita liberación. Pero pronto resonarán cánticos de alegría a los que las naciones harán eco, diciendo: “Grandes cosas ha hecho el Señor con estos” (v. 2; Salmo 14:7). Por así decirlo, sus lágrimas habrán regado los surcos de una generosa cosecha (v. 5). Y tal fue el ministerio del Señor Jesús aquí abajo (v. 6). Con llanto siguió el camino de la cruz. “Pero si muere” –dice en Juan 12:24– “lleva mucho fruto”. Aparecerá triunfante, cargado con el fruto del trabajo de su alma: sus redimidos, cual preciosas gavillas, apretadas contra su corazón.

El Salmo 127 nos recuerda que toda empresa está destinada a fracasar si no tiene desde el principio la aprobación del Señor. Cierto asunto puede parecer bueno, merecer que se le dedique mucho tiempo y mucho trabajo; pero no resultará si Él no trabajó en esa tarea (Juan 15:5). La actividad apacible y confiada del creyente, seguida por un sueño tranquilo, contrasta con la febril y ambiciosa agitación de los hombres de este mundo (Eclesiastés 2:23). Y vosotros, jóvenes que pensáis en «edificar vuestra casa», el matrimonio es una cosa demasiado seria para ocuparos de él solos. ¡Dejaos conducir por el Señor!