Capítulo 69
Sufrimientos de Cristo en la cruz y en su camino
El Salmo 68 nos mostró a Cristo elevado al cielo como vencedor, recibiendo dones gloriosos (v. 18). El Salmo 69 nos lo presenta ahora humillado, en la vergüenza y el indecible dolor, debiendo pagar lo que no había robado (v. 4). Ya habíamos visto el mismo orden con el Salmo 21 precediendo al 22 para que nadie se engañe en cuanto a la persona que consideramos luego en medio de semejantes sufrimientos. Aquí, como el arca que abrió al pueblo un camino a través del río Jordán (el río de la muerte), Cristo avanza tomando sobre sí mismo la carga de las faltas, “la insensatez” de su pueblo (v. 5). Se hunde en el lodo profundo del pecado, en la hondura de las aguas del juicio (v. 2); ve el terrible pozo de la muerte que amenaza tragarle (v. 15); pero, pese a todo esto, no cesa de elevar su oración a su Dios (v.13).
La mención del versículo 9 de este salmo en el capítulo 15:3 de la epístola a los Romanos nos invita a imitar a ese gran Modelo que nunca procuró agradarse a Sí mismo ni sustraerse a los vituperios que concernían a su Padre (Mateo 27:43).
También pide Él en el versículo 6 que su prueba no sea un escollo para los creyentes cuando vean en qué angustia fue sumergido semejante fiel.
Vergüenza y deshonor público
Los Salmos 22 y 69, que tratan de los sufrimientos del Señor, presentan entre sí una diferencia esencial: en el Salmo 22 se ve a Cristo cumpliendo la expiación de nuestros pecados; es presentado allí como Aquel a quien Dios hirió por nosotros. Aquí, al contrario, vemos cómo Jesús sufre por parte de los hombres. ¡Cuántos medios encontraron estos para perseguirle! Una palabra se repite cuatro veces en este salmo para dar a comprender la deshonra pública que el Señor soportó: el oprobio (v. 7, 10, 19-20). El corazón infinitamente sensible del Señor fue quebrantado por ella (v. 20). En su Persona, la gloria de Dios, su amor, su santidad fueron hollados delante de todos por hombres inicuos. El versículo 21: “Me pusieron además hiel por comida y en mi sed me dieron a beber vinagre” fue literalmente realizado en la cruz (Mateo 27:34, 48).
Otra causa de profundo dolor para el Salvador fue la incomprensión y la indiferencia de sus discípulos:
Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo…(v.20)
Con razón los representantes de la raza humana, culpable de semejante crimen, sufrirán, si no se han arrepentido, la indignación y la ira reclamadas por el remanente de Israel en el versículo 24. Pero es de desear que el Señor pueda encontrar a cada uno de nuestros lectores entre “los que aman su nombre” (v. 36).
